El hecho que voy a narrar a continuación sucedió hace aproximadamente un año atrás.
Con un par de amigos habíamos organizado una salida al cerro en bicicleta, la idea era subir el cerro San Cristóbal un día domingo.
El viernes anterior salí a carretear en mi bicicleta, donde un conocido en la comuna de Ñuñoa, todo estuvo normal, habían varias bicicletas estacionadas, apiladas unas sobre otra y apoyadas en una pared del patio en el cual se desarrollaba la fiesta. Estuve pendiente durante mucho rato de mi bicicleta, puesto que el lugar estaba atestado de gente y algunos bastante ebrios.
Luego de que nada sucediera me relaje y deje de preocuparme tanto, pensé que mis amigos también vigilarían sus bicicletas y que me estaba preocupando mucho.
A la hora de irnos fuimos por las bicis, varias personas se habían ido y ya no había la misma cantidad de bicicletas que al principio, por lo que fue más fácil retirarlas de donde las dejamos. Un amigo sacó la suya y se percató de que había un problema, se había rayado la pintura del marco y la rueda estaba un tanto descentrada, en seguida, revisé mi bicicleta y nada tenía, por suerte.
Nos fuimos sin saber que había pasado, puesto que nadie vio nada ni supo nada, pero al parecer, alguien se había caído sobre las bicicletas amontonadas y esto provoco que se produjeran los daños, puesto que habían otras bicis "dañadas".
Al día siguiente mi amigo me pidió que lo acompañara a un taller mecánico en Peñalolen, donde ya habíamos ido antes y confiábamos en que podían reparar bien los daños de la bici y en poco tiempo, pensando en subir al San Cristóbal al día siguiente.
Nos encontramos en una plaza cercana y fuimos, estaba bastante enojado por lo sucedido y expulsó varios insultos pero no dirigidos.
Llegamos al local y habían dos personas, un hombre y una mujer, quien estaba disponible y nos recibió muy amablemente. En ese momento noté algo raro en mi amigo, una cierta expresión de desconfianza e indecisión en dejar su bici ahí, no entendía porque, ambos habíamos ido antes y no tuvimos ningún problema.
La mujer preguntó. ¿Qué necesitan?, "eeehh, se me descentro la rueda" respondió mi amigo, la mujer procedió a ver la bici y dijo que la podía arreglar, que volviéramos en un rato más.
Salimos del local y le pregunté que le había pasado a lo que mi amigo, luego de un silencio, dice; "mmmm no me da confianza que la arregle ella, las minas no cachan nada de mecánica", le dije que ya conocíamos el taller y que nunca habíamos tenido problemas ahí. No pude convencerlo completamente, seguía desconfiando de los conocimientos de mecánica de ella solo por el hecho de ser mujer.
Finalmente la rueda quedo bien, se solucionó el problema y pudimos subir el cerro en bicicleta como lo habíamos propuesto.
En esta experiencia puedo distinguir elementos sexistas en el juicio de mi amigo respecto a las mujeres y la mecánica, actividad que se ha asociado comúnmente a los hombres en la división sexual del trabajo, la desconfianza que se genera en mi amigo no es por el hecho de que la mujer previamente haya hecho mal un trabajo, sino que por el hecho de ser mujer, para él, no podrá cumplir con lo requerido de buena manera. Esta asignación social de labores se desarrolla en función de la imagen que se ha construido en torno a la imagen ideal de mujer y de hombre, en base a funciones reproductivas y productivas que se establecen en la sociedad.
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