19 de mayo de 2015

Teoricxs practicxs, difícil tarea

Era el día de la madre, la televisión desde hace ya un tiempo lo venía recordando constantemente mediante publicidad sexista y me percataba de ello, era consciente de ello, tenía sentimientos de rabia y sorpresa, que absurdo somos y que raro mundo hemos construido –pensaba-, sin embargo qué sentido tiene la crítica teórica, si lo que criticamos lo reproducimos –también pensaba-, y ahí estaba yo acostado en mi cama, mirando un techo que no daba respuesta. Es el día de la madre y debo conmemorar a la mía, ¿un regalo? ¿Por qué un regalo? ¿La publicidad me sedujo? ¿En verdad es correcto celebrar un día de la madre? ¿Es valorable una persona que opta la maternidad por sobre quién no?, no, no reproduciré sus lógicas vacías me dije, y ahí estaba, acostado en mi cama. Qué más puedo hacer pensaba, finalmente me decidí por ayudarla en las labores del hogar, no me daba cuenta de la conclusión absurda a la que había llegado hasta que disparé las palabras que me dejaron atónito “¿ya lavaste los platos?, si no para ayudarte. Sorprendió nuevamente en mi vida el valor y poder de las palabras; y de la lingüística en general. Luego de haber realizado mi “ayuda”, me puse a pensar en lo que había pasado, ¿Qué idiotez he realizado?, luego de pensar y gastar minutos y minutos criticando al sexismo, odiando al sexismo, y me di cuenta que no he aprendido nada. Lo importante de la teoría es cómo esta se ve reflejada y representada en nuestras prácticas cotidianas, y fallé, me fallé a mí, a mis compañeras y compañeros con los que debatimos y discutimos para no caer en errores, y peor aún, le fallé a la persona a quien le debo el cambio. Habían muchos errores en una frase tan corta pero potente, tanto yo como mi madre hemos naturalizado una práctica, obviando que es una labor que tiene que realizar ella, floreciendo el machismo que llevamos dentro y que heredamos de los núcleos familiares anteriores que al igual que nosotros, se han desenvuelto en una sociedad patriarcal. Es necesario hacer cambios prácticos, necesitamos la teoría para expandir nuestro conocimiento y mente, para ilustrarnos sobre nuestra realidad estructural concreta, pero sin embargo, es necesario pasar a la acción, no basta el discurso y el conocimiento. Es con pequeños detalles que se transforman y cambian las lógicas del mundo, pero es necesario que estemos atento, y que realicemos cambios desde la base, es decir, en cómo nos relacionamos con nuestras madres, con nuestras compañeras, primas, y también con los padres, hermanos y compañeros, con el fin de que no se repliquen las prácticas, discutir, llamar la atención son necesarios, pero las acciones visuales son las que finalmente interpelan al otro. Es por esto, que hay que replantearse las atribuciones que se le asignan inconscientemente –por cultura-  al género de una persona, admitir la relatividad y la diversidad, ser hombre y mujer es una distinción fisiológica, no así mental, no existen márgenes, parámetros o estándares esenciales en el género, sólo costumbres representadas por el imaginario colectivo, lo que no deja de ser absurdo, pues no es un hecho, sino un acto de magia.

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