El pasado sábado, mi hermosa novia estuvo de
cumpleaños. Mientras decidía qué hacer le llegó un mensaje en Facebook, era un
relacionador público de fiestas en Santiago, le ofrecía ofertas para celebrar
su cumpleaños en algunos conocidos clubes capitalinos. La oferta era buena,
pero el problema radicaba en que solo sus amigas podían entrar gratis y los
acompañantes hombres tenían que pagar su entrada al recinto. Esta situación es conocida en el ámbito del “carrete
discotequero”, pero se suele pasar por alto el contenido sexista que está
presente en la organización de estos eventos, lo que motivó que me interesara
en esta situación.
Es cosa de buscar en Internet “mujeres
gratis” y no tardarán en aparecer ofertas para salir de fiesta de manera
totalmente gratis, por ejemplo Club Mata expone en su página de Internet: “Mujeres gratis hasta las 1:00 luego 3.000,
hombres con convenio 5.000” o en Grammy discoteque: “Mujeres entrada liberada”.
De
esta forma, podemos ver que esta es una práctica recurrente en la mayoría de
los locales nocturnos en Chile, podemos ver que estas entradas parten de una
base de discriminación, ya que solo favorece a un grupo selecto de mujeres
jóvenes y por lo general adineradas que son las principales consumidoras de
fiestas pagadas. Por otro lado, tenemos el tema de las copas gratis para las
mujeres, otro incentivo más para que llegue a la fiesta y por último, se puede
ver que en muchos locales se exige cierta vestimenta lo cual muestra el
potencial discriminatorio de los clubes.
En este sentido, la entrada gratis
para chicas es, en parte, un intento de atraerlas a pesar de las dificultades en
relación al dinero que poseen y la
seguridad que buscan, pero sobre todo, según lo que puedo concluir es un
intento para dar a entender a los hombres que es seguro que van a encontrar mujeres
que ya estarán allí cuando lleguen ellos (ya que las ofertas tienen una hora a
la que caducan).
Según esto,
sabemos que no beneficia a las mujeres, sino, las convierte en mercancía, una
decoración para que no esté vacío el local cuando lleguen los hombres en
búsqueda de acción casual. En este sentido, nos damos cuenta que el público que interesa a los empresarios es
el masculino. Una discoteca es un vil negocio, no una labor social. No harían
ofertas para mujeres si no supieran que los hombres vienen precisamente por
eso.
Por lo tanto, no se entiende la situación de hombres que critican estas
medidas y se sienten menospreciados en relación a las mujeres, porque al fin y
al cabo es la mujer quien tiene menos dinero en
el bolsillo que el hombre, la que ha tenido que buscar ropa bonita y cara para
salir, la que al salir tiene miedo de que le echen algo en el trago y que la droguen, es quien tiene que
sacarse de encima a los “jotes” descontrolados y tiene miedo de volver sola a
la casa y por sobre todo a la que si le pasa algo, la acusan de provocar. Esto
me parece que es un gran ejemplo de cómo funciona el mercado dominado por la
heteronormatividad que discrimina con supuestos “beneficios”.
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