“No quiero tener hijos”. Esa fue la decisión que tomé cuando
apenas tenía 15 años y hasta el día de hoy no he cambiado de opinión.
Al contrario de lo que la mayoría de las personas parece
creer, a mi me gustan los niños, ¿Cómo no? Si son entretenidos, redondos y
adorables, pero el asunto es que simplemente no son para mi, no los quiero. Mi
anhelo en la vida no es tener un hijo ni ser madre.
Como innumerables veces antes, yo y mis amigos conversábamos
sobre el tema del aborto y el deseo – o no deseo – de formar una familia, al
cuál siempre mi postura ha sido la que genera más controversia, o sea, “¿Cómo no voy a querer hijos?”.
Después de haber pasado y superado (espero, de verdad)
frases como: “vas a cambiar de opinión”
o “ya te van a dar ganas de ser mamá”,
“cuando veas a tus amigos con hijos vas a
querer uno para ti” o, a mi parecer
la más irritante de todas: “Vas a ser la primera en quedar embarazada”.
El asunto dio un giro bastante inesperado para mi cuando uno
de mis amigos me mira con el típico rostro confundido que le sigue a mi
afirmación de que no quiero hijos y dice:
-
Entonces, no entiendo cuál es tu rollo – Si
tuviese la capacidad de levantar una ceja lo hubiese hecho, pero como no puedo,
hice una pausa y le respondí:
-
¿Rollo? ¿Por qué mi decisión de no tener hijos
tiene que estar relacionado con que yo tengo un “rollo”? ¿Por qué no puede sólo
ser el hecho de que simplemente no forma parte de mi proyecto de vida?
-
Es que no… o sea… yo me imagino que tiene que
ser un rollo porque igual esa decisión es como… no sé, no entiendo cómo es que
no quieres hijos.
-
Y yo no entiendo porqué la gente quiere tener
hijos, tampoco entiendo qué piensan o sienten cuando hablan de sus inexistentes
criaturas o de la educación que quieren darle o cómo se proyectan como padres.
No me imagino la razón por la que sus ojos brillan ilusionados ante la
idea.
La conversación se estancó porque en el fondo era una lucha
de opiniones distintas y al menos bajo
mi criterio, igual de válidas en el sentido de que deberían ambas visiones ser aceptadas por igual, quiero decir ¿Por
qué la decisión de no tener hijos causa tanto ruido en las otras personas? O
¿Por qué por ser mujer tengo que necesariamente desear tener hijos? Lo mismo
aplica para los hombres, no todos quieren ser padres y pienso que es importante
respetar las decisiones que cada individuo toma respecto a su cuerpo y sus
proyectos a largo plazo. En este
sentido, no por tomar una decisión que se escapa de lo convencional significa
que tienes un “rollo” como lo expuso mi amigo en ese momento, como si optar por
una vida sin hijos se debiera a un problema o un acontecimiento que “te marcó y
por eso no quieres a los niños”.
Creo que las personas deberían también ser más conscientes
del mensaje que transmiten a los demás al estigmatizar ese tipo de opciones y
del castigo implícito en sus discursos y el sentimiento de culpa que generan en
los demás sólo por no estar en la misma sintonía que el resto de los que te
rodean.
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