El tema que elijo para realizar el análisis, con respecto a los mecanismos cotidianos de reproducción de sexismo, es el acoso callejero. Puesto que, en base a mis experiencias personales y las que pude captar de mis compañeros, además del debate que existe en torno a su significación, considero que es una de las expresiones de sexismo que se reconoce con mayor frecuencia y, que también aporta al cuestionamiento frente a las tradiciones culturales que rigen y norman nuestro comportamiento y, por ende, condicionan nuestra percepción del mundo.
El acoso callejero reproduce constantemente los mecanismos del sexismo, mediante su producción se establece una jerarquía entre quien ejecuta la acción y el receptor. Considero que el acoso callejero es la representación exacerbada de la cultura occidental (desconozco las lógicas que se dan en otras culturas) con respecto a la sexualidad, el deseo, el género, los cuales se expresan moralmente mediante el “romanticismo”, que a su vez, es también el espacio en donde estas prácticas son legitimadas. Desde la primera socialización, se establece que existe una diferencia entre géneros (concepción binaria: femenino/masculino), en cuanto a cómo se expresa el deseo, cómo se moviliza cada género, en torno a la sexualidad y, moralmente, cómo se legitima a través del romanticismo.
Al establecer diferencias biológicas, implica que la expresión de cada género deber ser distinta una de otra. Si reconocemos la existencia del patriarcado como estructura y, por ende, asumimos que existe una diferencia en la esencia de cada género, aquellas diferencias son reproducidas constantemente por el acoso callejero. Mediante esta práctica se pueden identificar las formas en que se representan los géneros. También, se logra visualizar la dominación que contiene la cultura occidental en sus relaciones sociales. Por un lado, esta relación produce un sujeto dominante (masculino) y, por otro, un sujeto dominado (femenino). Bajo esta concepción se reproducen las relaciones sexuales (no entendidas, como el acto de intimar, sino que de la relación entre sujetos sexuados). A lo largo del proceso de socialización, se le atribuye al hombre el deber de cortejar a la mujer, y que a su vez, la mujer debe mostrar interés ante este acto, aunque sea por “cortesía”. Un ejemplo de ello, es la idea romántica del caballero y la princesa, quien salva, mediante el esfuerzo físico a la indefensa doncella que se encuentra atrapada en su realidad. Si llevamos esta idealización a la actualidad, esta se reproduce cuando, por ejemplo, una pareja va al cine por primera vez y, el muchacho se hace cargo de los gastos monetarios que ello implica, es decir, invita a salir a la chica. Esta asimetría está internalizada por los sujetos, de hecho si el muchacho no le paga la entrada a la chica, lo más probable es que sea juzgado socialmente, ya que no cumple con las expectativas que se tienen de él en esa situación. Al igual que si la chica intenta costear sus gasto el muchacho intentara persuadirla de que no lo haga, prácticamente que para eso está él. Ambos sujetos (femenino/masculino) formulan su identidad en base a lo que se espera socialmente que cumpla cada género, dentro de la estructura patriarcal.
Si retomamos esta idealización entre la forma en que los hombres y las mujeres se relacionan, podemos reconocer patrones similares en el acoso callejero. Porque cuando un hombre se insinúa a una mujer (puesto que cree que a dicha mujer le gustaría ser “piropiada” por él y, entonces se atribuye como deber realizar esta acción) y está hace notar su descontento, con frecuencia sufre violencia psicológica y, en algunos casos es agredida físicamente. Por una parte, no se considera su opinión, ni voluntad en la ejecución de dicho acto y, por otra, es juzgada socialmente por sus pares, de quienes se podrían decir que tienen internalizada y naturalizada está lógica. Entonces, podemos ver que la mujer está subordinada a la acción del hombre, ya que en ningún momento se cuestiona el actuar del hombre, no así, el de la mujer, que al expresar su descontento, intenta reivindicarse como sujeto, puesto que se opone a ser considera como objeto y, más aún, como objeto sexual. Los patrones que revela el acoso sexual, giran en torno a las expectativas que se tiene de ambos géneros. Por ejemplo: la mujer debe ser sumisa y, frente esto se justifica el acoso callejero, puesto que, si de alguna forma la mujer es víctima de ello es porque “ella se lo busco”, al no reproducir su identidad de género.
Con respecto a la actividad: “Diario sobre sexismo”, considero que es una buena herramienta de análisis, ya que al relatar nuestras propias experiencias, más aún, al escribir lo que evidenciamos se genera la posibilidad y el espacio de desnaturalizar nuestras prácticas cotidianas, que en gran medida, damos por sentado. Esto tiene como consecuencia un desarrollo en el análisis social y critico que podemos realizar. Personalmente, sugiero que se implemente este método a lo largo de la carrera, puesto que las herramientas teóricas que nos ofrece la sociología, en la práctica se dificulta su implementación, debido a que muchas concepciones pueden sonar abstractas en principio, en cambio cuando se intenta identificar en las experiencias personales facilitan, a mi juicio, el aprendizaje y el entendimiento y, por ende, se puede alcanzar un nivel de análisis critico mayor.
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