División sexual del trabajo.
A partir de los blogs realizados durante el semestre, me llamó profundamente la atención la naturalización que hacemos de los roles de hombres y mujeres en el trabajo. Más aún, a diferencia de otras formas de sexismo, esta modalidad aparece como anecdótica o no problemática en la cotidianidad. Me valgo principalmente de tres entradas: “El trabajo del que nunca te despiden” ,“Sexismo en la cocina” y “Doble Jornada”.
En el primero una compañera se propone hacer más equitativos los roles en el trabajo doméstico de su casa, sin embargo, se encuentra con una madre que le reprocha esta tentativa y la exhorta a reproducir el rol tradicional de la mujer en el quehacer del hogar.
En la segunda entrada - “Sexismo en la cocina”- un compañero relata la diferencia en el trato dado de parte de su madre y abuela en la cocina que se le da a él con respecto a su hermana. En donde se entiende que la cocina es un espacio de la mujer.
Finalmente, el tercer caso – una experiencia de la cual fui testigo- mostraba como una compañera de la universidad se veía perjudicada en su desenvolvimiento académico por el hecho de tener que cumplir con actividades en el hogar que eran consideradas obligación de la mujer.
En estos casos, como en muchos otros publicados en el blog, se advierte que el sexismo no se da exclusivamente de parte del hombre, sino que es también la mujer la que busca resguardar y reproducir las prácticas sexistas. Es por ello que hay que entender el sexismo como una práctica transversal dentro de la sociedad y que responde a condicionamientos que vienen dados desde nuestra socialización temprana independiente del sexo que uno posea.
Esta materia – división sexual del trabajo- para algunos resulta un tema baladí sin importancia, sin embargo, no lo es. Esta división del trabajo repercute en diversos ámbitos de la sociedad en perjuicio de la mujer: menores sueldos en comparación a los hombres, políticas públicas sexistas, sufrimiento físico (como el desgaste generado por lo que se conoce como “doble turno”, esto es, cuando la mujer trabaja fuera del hogar, igualmente debe cumplir con los quehaceres del domésticos) o una situación de dependencia respecto al hombre, entre otras. Todas estas situaciones derivan (en gran medida) a esta noción de la mujer relegada a lo privado y lo público al hombre.
Esta forma de sexismo opera de forma cotidiana y está naturalizada en nuestras vidas. Como se expuso más arriba, no son situaciones extraordinarias, sino que corresponden al diario vivir. Esto hace que combatir estas prácticas sea más difícil. Por lo que la resistencia que debemos oponer debe ser denunciando estas prácticas aparentemente despolitizadas e inocuas y evidenciando el carácter sexista de esta de estas.
El ejercicio de escribir estas experiencias en el blog ayuda a esta tarea. El hecho de estar constantemente pendientes de prácticas sexistas dado que eventualmente las podríamos escribir en el blog, nos hace ser conscientes de ellas y así no reproducirlas. Ahí donde antes veíamos prácticas inocentes, ahora somos conscientes de la violencia que traen aparejadas.
Urge visibilizar la violencia de género, al igual como se ha hecho con el racismo o el clasismo y otras formas de violencia. Este tipo de prácticas se reproducen porque siguen siendo invisibles para la mayoría de las personas, y cuando se visibiliza se tiende a considerarlo un tema menor, algo no grave, hasta jocoso (lo que no ocurre con otras formas de desigualdades o de violencias).
La experiencia de escribir en el blog nos hace ver algo que es fundamental en las democracias modernas: que la posición privilegiada de los hombres en la sociedad no es meritocrática, sino que es hereditaria. Y no hay nada más insufrible en las sociedades actuales que los privilegios adscritos y no adquiridos.
Otro aspecto importante de escribir estas experiencias en el blog es ser conscientes de lo excesivo que ha sido coartada nuestra libertad. Por el mero hecho de nacer de un sexo, tenemos una serie de obligaciones que derivan de ello (como se ve en la división sexual del trabajo). Ser consciente de esto nos permite cuestionar prácticas interiorizadas y ponerlas en tela de juicio, y así poder llevar una vida más autónoma.
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