Si
se hace un análisis general de la experiencia “sexismo a diario” probablemente
encontraremos variadas interpretaciones a lo que implica identificar en ciertas
situaciones estos tipos de actitudes en las relaciones de las personas, aún así
mi análisis considera cómo la división sexual del trabajo es una red extensa
que reproduce tales discriminaciones de género y pone de manifiesto un problema
que afecta primeramente a mujeres y luego a minorías sexuales y sus derechos.
Esto, luego de identificar en dos experiencias previas que este tema se repite
en la actividad social que revisamos asumiendo por ejemplo en un primer caso
que las profesiones discriminan desde las oportunidades laborales luego de
egresar y en segunda instancia con estudios de postgrado que limitarán cupos y
aún más cuando se trate de ciertos gremios, estas oportunidades discriminarán a
tales profesionales entre hombres y/o mujeres.
Uno
de los principales mecanismos que reproducen actitudes sexistas en el mundo
laboral tiene que ver con cierto grado de legitimación
de las personas a la hora de discutir respecto a las oportunidades e ingreso de
individuos al sistema laboral chileno, aunque advertimos que dicha legitimación
así como una suerte de naturalización
histórica de los roles de género inciden en un sistema educacional que
desde su base aplica una desigualdad entre hombres que pueden ejercer
profesiones con cierta tendencia que aquí llamaremos técnica, y por su parte la
atribución del rol servicio del trabajo a las mujeres; sostengo esto cuando por
ejemplo se identificó limitaciones de una estudiante de medicina con sus
eventuales estudios de postgrado así como propiamente la especialización que
ella quería al complicarse todas su decisiones por su condición de ser mujer y
edad para tener hijos, así como sus deseos de contraer matrimonio, visión de
una vida en familia que es <<más
fácil>>, etc. Por otro lado, un estudio profundo de las relaciones
laborales entre personas homosexuales, bisexuales y/o transexuales tuviera que
indicar de qué manera existe una división en la esfera laboral que va más allá
del sexo y que en realidad, implica una división
genérica del trabajo donde se distribuyen ciertas áreas (como mencionamos)
que deben tener tales grupos en su poder
y no otros; lo que finalmente produce un “patriarcado laboral” que se traduce
perfectamente allí donde el origen socioeconómico de las personas determina sus
posibilidades en el mercado laboral. La desigualdad de género en minorías
sexuales y específicamente en la esfera laboral de este grupo, quizás no se
traduce tan bien entre homosexuales hombres (pues ocultar tal condición en el
gremio en que se desarrollen puede ser menos complicado que para la mujer, sin
embargo se advierten implicancias en su estatus social) como por ejemplo entre
transexuales que deben muchas veces integrarse a un ambiente laboral donde la
sociabilidad es reducida al mismo grupo al que pertenecen o abiertamente a la
unidad de tales grupos de minorías en ciertos espacios de sociabilidad; esto se
sostiene haciendo una reflexión de la última experiencia donde se percibió
discriminación y transfobia en espacio público además de tomar en cuenta el
primer diálogo sobre desigualdad que consideró espacios de sociabilidad de
homosexuales en Santiago y abrió la discusión justamente respecto de los
espacios en los que se desarrollan e involucran las personas de tales grupos
sociales y que muchas veces están invisibilizados en el mundo laboral o son
parte de este mercado laboral que no se considera por ser parte de una vida
bohemia o derechamente por caer en actos ilícitos como por ejemplo, la
prostitución.
Con
todo, consideramos que lo expuesto no resume en parte actitudes sexistas de las
personas que se podrían ver a diario, así como específicamente la división
sexual del trabajo aunque vemos que la educación superior como el sistema
educacional completo y una cultura que despliega roles de género convencionales
me ayudan de alguna manera a tratar de representar mi análisis respecto a la
desigualdad que se produce cuando hablamos de la esfera laboral y con ello de
las oportunidades de mujeres y minorías sexuales, así como la participación
prominente de hombres en tal esfera que históricamente reproduce un sistema que
no le da espacio a los grupos mencionados y más bien los reduce a legitimar
tales espacios como los “correctos” o
“apropiados” si se quiere, en el cual deben desempeñarse. Ciertamente, una
profundidad e intensificación de la experiencia de escribir blogs sobre sexismo
se traduciría en un mayor conocimiento de las desigualdades de género en Chile,
sosteniendo desde la división sexual del trabajo perspectivas como la expuesta,
o por ejemplo la tradicional atribución del trabajo no remunerado (trabajo doméstico)
como un rol atribuible sólo a la mujer, entre otras situaciones donde se
reproducen o como se ha dicho, legitiman roles de género incluso más allá del
mundo laboral.
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