8 de junio de 2015

El acoso callejero.



El sexismo, es una actitud discriminatoria hacia una persona por su sexo, y el acoso callejero, es un tipo de acoso sexual, que generalmente no implica una relación entre la víctima y el agresor, son conductas como silbidos, tocaciones, comentarios sexualmente explícitos, etc. Que generalmente se dan en lugares públicos. Ambos se reproducen a través de diversos mecanismos que legitiman la desigualdad.
El acoso callejero, no es masivamente considerado un problema, o violencia, ya que hay personas que legitiman esta práctica a través de una visión de que es una práctica natural y cotidiana, sin poner en cuestión lo que puede generar en las víctimas.
En mis blogs he identificado dos situaciones de acoso callejero, una en una fiesta juvenil en donde recibí un agarrón de trasero por parte de un tipo que no conocía, y otra en donde un grupo de adolescentes que iban en el transporte público evaluaban sin cuidado a cada mujer que se les cruzaba por la forma de su trasero. Además de la práctica sexista específica, en cada situación hubo además una legitimación de personas cercanas hacia aquellas agresiones que consideraban “naturales” y “cotidianas”.
Este tema es muy importante, por el hecho de que permite reproducir las desigualdades sexuales y con ello conductas sexistas que muchas veces son ignoradas, lo que conlleva a una visión acrítica sobre la legitimidad de las practicas que ponen en una situación de desventaja a la mujer. En ese sentido, reproduce las relaciones de poder de género, en donde generalmente el hombre es quien tiene el derecho a pasar a llevar a la mujer, y a ella solo tiene que dejar pasar estas situaciones.
Uno de los mecanismos cotidianos más fuertes que opera en esta reproducción del sexismo, son los estereotipos que existen respecto a la sexualidad del hombre y la mujer. En ellos se presenta al hombre como quien demuestra su masculinidad a través de tener muchas parejas sexuales, ser quien busca tener relaciones sexuales con su pareja, etc. Mientras que la mujer es quien debe complacer a la pareja sometiéndose a sus decisiones sexuales, debe ser sumisa, precavida, y solo tener una pareja sexual.
Estos estereotipos funcionan como mecanismo para reproducir el sexismo a través del acoso callejero, ya que se ve a la mujer como una subordinada sexualmente del hombre, como representante de un objeto sexual para él, por lo tanto, crea una visión de que el hombre no puede controlar sus deseos sexuales, que esa es su “naturaleza”, por lo tanto, no puede resistirse a acosar a una mujer en la calle. Lo que permite legitimar una práctica de acoso sexual a través de una supuesta esencia del hombre y la mujer, que naturaliza que el hombre acose a la mujer, y ella se deje pasar a llevar.
Por otro lado, un mecanismo que permite legitimar estas prácticas es el típico discurso de que las mujeres que usan ropa “provocativa” son las culpables de ser acosadas. Este discurso justifica hechos de acoso sexual, incluso más graves que el acoso callejero, argumentando que son las mujeres las culpables de ser acosadas por el tipo de vestimenta que usan, ya que habría cierto tipo de ropa que sería provocativa, y que por el mismo estereotipo que vimos anteriormente, de que el hombre no puede contener sus deseos sexuales, se legitima que él se vea provocado, como si la manera de vestir de la mujer les diera el derecho de acosarlas, o como si ellas se vistieran precisamente para provocar a los hombres. 
En ese sentido, legitimar un acto de violencia contra una persona por su forma de vestir, es un mecanismo de reproducción del sexismo que permite invisibilizar y naturalizar el problema, ya que nos lleva a culpar a las víctimas, legitimando que los hombres no puedan resistirse ante las mujeres que visten de manera “provocativa”, es por ello que muchas veces a las mujeres se les dice cómo deben vestir, que pueden y no pueden usar cuando salen a la calle, porque deben cuidarse de los hombres, como si estos últimos fueran una especie de caníbales que no pueden contenerse.
De allí el refrán, La mujer debe ser una dama en la calle, una señora en su casa y una prostituta en la cama, que refuerza la idea de los roles de la mujer, que debe comportarse como una “señorita” en público, y ser recatada respecto a sus deseos sexuales, además una señora en su casa, es decir, hacerse cargo de las tareas del hogar, y el cuidado de los hijos, y a su vez debe ser una prostituta en la cama, ósea debe satisfacer los deseos sexuales del hombre en la intimidad.
Todos estos mecanismos, permiten legitimar la visión de que la mujer es una subordinada sexual del hombre, mientras este último tiene derecho de expresar su sexualidad públicamente, ver a la mujer como un objeto sexual y acosarla por sus impulsos sexuales, de allí que se legitimen y naturalicen prácticas sexistas, que permiten continuar reproduciendo la desigualdad de género.
Es por ello, necesario hacer una reflexión crítica acerca de las experiencias sexistas que vivimos a diario, y darnos cuenta de que aquellos pensamientos, estereotipos y costumbres,  nos llevan muchas veces a pasar por alto estas situaciones, y a legitimar prácticas que debiéramos de cuestionar. Lo que precisamente nos ha permitido la escritura de los blogs, que en ese sentido ha sido un aporte a la comprensión de las desigualdades de género en Chile, ya que ha permitido crear aquella critica, y hacer visible el carácter sexista de nuestras experiencias cotidianas, para que no caigamos en la legitimación de estas desigualdades y conductas en donde en general la mujer se ve en una posición de desventaja, y el hombre se siente con el derecho de ejercer un poder por sobre ella.
En ese sentido, creo que la reflexión crítica permite desnaturalizar y deslegitimar estas prácticas sexistas que deberían dejar de ser vistas como cotidianas y naturales y ser castigadas por la sociedad.

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