8 de junio de 2015

Las emociones para las mujeres. Si fuera un hombre, que latero!

Estaba en la micro con una vieja amiga del colegio... veníamos de la Universidad conversando de la vida. En un momento le pregunté por un amigo que tenemos en común que no veía hace tiempo.
La conversación fue así:

Yo: ¿Y has visto al Pipe? ¿ Que es de él?
Camila: No nada. No lo he visto mucho, anda nosé,como medio raro. Igual me tiene un poco chata.
Yo: ¿Pero por qué? ¿Que onda?
Camila: Es que pasa quejándose, anda como muy "Mina" pa la cosa. Y como que ya no estamos en la edad para eso, es muy enrollado, anda sensible por todo y nosé, ya me da un poco de lata escucharlo. Y es raro porque  en general los hombres no son tan así. tu cachai po, son mas relajados, como que les da lo mismo es a hueá.
Yo: No creo que tenga que ver con que sea hombre o mujer.
Camila: Ya pero si nosotras somos mucho mas enrolladas y reclamonas, eso siempre ha sido así.

Esta conversación me dejó reflexionando hasta que llegué a mi casa. ¿Por qué esa costumbre histórica de ligar temas emocionales al género? Lo impresionante es que esta condición emocional da una explicación del comportamiento, como si lo justificara. "Las mujeres podemos ser sensibles, podemos reclamar, quejarnos, es propio de nuestro género, de nuestra condición de mujer". La mujer que se queja no es tomada en cuenta, la mujer que se queja ha sido considerada como una "lata". La mujer que se queja, históricamente, me recuerda a aquella que sufre por sus dolores menstruales, aquella mujer que ha tenido que salir adelante a pesar de su condición desigual de género, no solo en cual aspecto biológico se le considera dependiente, si no que todo lo que concierne a su autonomía. La mirada de la mujer sensible, la mujer débil, la mujer que debe ser comprendida.
La "lastimosa" imágen de la mujer "quejona" ha sido naturalizada como apta para su condición en la sociedad, para encapsular las emociones en cuanto a las relaciones maternales, relaciones domésticas, responsable de los lazos mas simples de la socialización del ser huamano.
Las emociones, nunca han estado ligadas al terrible mundo que ahí afuera se revela. La verdadera "jungla" del espacio público no tiene espacio para las emociones, sino para la racionalidad, para la eficiencia, el cálculo, la tecnocracia, el control. Lo mismo ocurre para el ámbito masculino. Lo masculino no debe ser emocional, lo masculino es instinto, voracidad, racionalidad, acción. La emoción no cabe en el hombre porque el hombre debe ser eficiente. El hombre está para el espacio público, por lo tanto, su comportamiento debe ser hábil, limpio. rápido. De esta manera, hemos cosificado la emoción al comportamiento. Esto ha ocurrido de tal forma que ciertas maneras de actuar, de emocionarnos, nos identifican como género.
En realidad esto es lo menos certero. Conozco tanto hombres como mujeres sensibles, como también conozco tanto mujeres como hombres insensibles. Dejar de lado estas nociones de emocionalidad dirigidas es de vital importancia para dejar de nombrar, una y otra vez, que el hombre no tiene acceso a la emocionalidad, y que la mujer -por tanto- no puede salir de ella.

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