9 de junio de 2015

Las mujeres tenemos una carga social

Las mujeres, tenemos una carga, una social, muy grande en la espalda. 
En este último blog, voy a contar tres breves experiencias que me sucedieron este año, con distintas personas de mi familia.  La primera experiencia, fue a principios de año, con mi abuela.
Estaba comenzando Marzo, cuando mi abuela se dirige hacía a mi, en una cena familiar, y me pregunta: ¿Isadora, cuando sacas pololo nuevo?, yo, con risas y gestos de incomodidad, respondo, que no estaba interesada en ello. Sin embargo mi abuela, me comienza a dar recomendaciones y sugerencias, relacionadas con que la soltería no podía ser una opción, y que me tenía que buscar a alguien para casarme y hacer una familia, porque ya estaba grande, y se me iba a pasar el tren.
Sus palabras, me quedan dando vuelta. Pero me quedé callada, en un silencio absoluto. 
Asumí en ese momento, que debía comprender a mi abuela, porque ella nació en un contexto histórico y cultural diferente al mío. Fingí comprensión, y asentí con la cabeza.
Unos meses más tarde, mi padre me hace una llamada por el celular, como a las 22:30 hrs, en un día de semana. Muy alterado, me pregunta porque aun no llegaba a la casa, que era muy peligroso, porque alguien me podía violar y raptar.  Traté de bajarle el perfil a la situación, fingiendo como si las posibilidades de que me sucediera algo así fuesen mínimas, para que no se preocuparan.
Sin embargo el nivel de perversión que tiene esta sociedad y la validación del acoso callejero, es una problemática que no debe ser escondida ni inivisibilizada, porque es una realidad.
La tercera y última experiencia que quiero relatar, fue el día de ayer, con mi hermano.
Estábamos cocinando en la tarde noche, -y cuando digo estábamos, me refiero a mi mamá, mi hermano y yo-   y mi hermano me empiezó a molestar, diciéndome que nunca ayudo a mi mamá, y que tengo que hacerlo porque el y mi papá no lo pueden hacer. Una vez más me quedé callada. Ésta vez no asumí que debía comprender sus palabras, porque el no nació en un contexto histórico y cultural diferente al mío. Allí, en ese mismo momento, entendí la relación que tienen estos tres breves relatos, así como también los relatos, de los blogs anteriores.
Las mujeres tenemos una carga, una social, muy grande en la espalda. Dentro de mi familia, en distintas generaciones, me traspasaron las inseguridades y obligaciones de una sociedad pervertida, que está basada por esencia en la desigualdad de género y en la explotación.
Por que estos relatos, no son hechos aislados, la gran mayoría de ellos, son hechos que suceden diariamente, y que me advierten que los cambios que tanto pregonamos, son ínfimos.
Y yo, permanezco callada, junto a muchas otras mujeres, que buscamos excusas, para entender al resto, y sus justificar prácticas, que configuran un tipo de sociedad que bajo ningún motivo nos satisface.
La desigualdad de genero no solo se expresa desde el plano por ejemplo de la inequidad en los sueldos, la falta de acceso a la educación a las mujeres,o  la inserción laboral, etc. Sino que también en las relaciones sociales que las personas establecen. En ellas se notan los resquicios de una sociedad que pretende seguir funcionando bajo lógicas patriarcales que protegen a la institución de la familia. Los relatos cotidianos de nuestras vidas, nos dan cuenta de lo presente que están las desigualdades de género
En los blogs anteriores, toqué historias de diversa índole, en donde plasmé situaciones que pasan desapercibidas, y que no son tan explícitas. La violencia de género está con nosotros y nosotras, a cada momento, en cada lugar. Y seguiremos con esta carga, que fue impuesta, que fue pasada de generación en generación y que hasta el día de hoy, muchas veces esa carga es más fuerte que nuestra racionalidad y forma de concebir el mundo. Por eso callamos, porque la sociedad nos quiere calladas, y que esa carga social sea más fuerte que nuestra aspiración por transformar lo establecido.



No hay comentarios:

Publicar un comentario