Para
iniciar, es necesario explicar que el sexismo es una forma de agresión respecto
al género, generalmente se revela a partir de la subordinación de un sexo sobre
otro. Esto ocurre en su mayoría, y muy frecuentemente en nuestra sociedad Chilena,
que la mujer es considerada inferior al hombre. Esta inferioridad se refiere a
toda una cultura machista y/o paternalista que ha sido instalada en nuestro
país desde sus inicios. Se genera como parte de nuestra cultura, provocando una
aceptación inconsciente, por todos nosotros, integrantes de esta sociedad.
Como
expresión de ésta situación, se encuentra la familia. Dentro de mis blogs, he
relatado dos situaciones, en donde la familia ha sido generadora de sexismo. En
primer lugar, la familia es un núcleo importante en la organización social, especialmente
en la de Chile, donde actúa como “formadora” respecto a los individuos en
sociedad. Respecto al tema del sexismo, la familia es la base fundamental de
este dilema. Es aquí, donde en la mayoría de los casos, se encuentra el origen
del sexismo o la violencia contra el género, ya que en este núcleo es donde el
individuo genera sus herramientas para salir y generar su particularidad de ver
al mundo, en este caso en específico, ver como el hombre y la mujer interactúan
y se relacionan en sociedad.
Dentro de
la familia, ocurren variados acontecimientos que dan cuenta de un claro sexismo
que fue y que aún es vigente. El hombre es la cabeza de la “jerarquía familiar”,
mientras que la mujer es subordinada. El hombre desde los inicios, es quién ha
tenido siempre un cargo público dentro de la familia, por lo que lo pone como
el proveedor del hogar, el cual tiene beneficios respecto a los demás
integrantes, por el hecho de solventarlos a todos. Actúa también como un sujeto
de autoridad, ya que es el quien pone su carácter frío y genera orden dentro
del hogar. Por otro lado, la mujer es ese “ser sensible” que cuida y protege a
los hijos, quién los alimenta y espera al marido en el hogar para servirle, ya
que su rol dentro de esta jerarquía familiar es lo doméstico, es decir, ser la
servidora de quién la provee a ella, a sus hijos y su hogar en totalidad. Esto
fue tan internalizado en las familias chilenas, que era más una costumbre, algo
propio de la cultura del país. Al transcurrir el tiempo, esto se ha ido
modificando, ya que la mujer ha salido del ámbito doméstico o privado y salió
al área pública a trabajar, a generar su propio su sueldo, es decir, su propia
independencia. Pero este cambio llega hasta ahí, la mujer sale a trabajar, pero
eso no significa que el hombre se haga cargo de lo doméstico, inclusive el
hombre sigue todo como ha sido siempre, por lo que la mujer aparte de su
entrada al trabajo, también no ha debido descuidar el área doméstica, ya que es
la mujer quién trata con los niños, con la cocina, con el aseo, en general, con
la organización del hogar.
En el
primer blog que realicé, relataba como dentro de una celebración familiar, una
tía abuela comenzaba a enumerar a cada una de las mujeres que estábamos presentes
para que pusiéramos la mesa para “tomar once”, excluyendo de su enumeración a
todos los hombres. Ésta tía abuela tiene 60 años, y su hija de 39 años le
reclamó, diciendo que no era justo que solo contara a la mujeres, siendo que
habían hombres que también estaban en el mismo lugar que nosotras y que no
tenían ninguna discapacidad física que les impidiera “poner la mesa”. Con ésta
situación, se puede ver como la mujer se denota a sí misma como subordinada, ni
siquiera dándose cuenta de esto. Prácticamente, este relato quiere decir como el
hombre es incapacitado de hacer cosas domésticas, justificado tanto por ellos
mismos, como las mujeres, cuando realmente no es así, ya que ambos géneros
tenemos la misma capacidad de hacer algo tan banal como colocar la mesa para
tomar once. Lo ocurre es que tenemos internalizado, que eso es trabajo exclusivo de
la mujer y que no es tema del hombre.
Otro tema
respecto a la familia que surgió en mi último blog relatado, es sobre el rol de
la mujer en la cocina. Al contrario del caso anterior, el comentario debatido
fue emitido por una joven de 21 años, que muy firmemente recalcaba que a quién
le correspondía el lugar de la cocina era a la mujer, ya que el hombre tenía
otro rol dentro del hogar, por lo que no le correspondía saber cocinar ni hacer
uso de la cocina. Me atrevería a decir, que se trata más bien de un “discurso
aprendido”, ya que ella mencionaba que eso era lo que le habían enseñado sus
padres. Con este tema, claramente se ve como nuevamente la familia es una
formadora de roles, que se reproduce luego en la sociedad, es decir rebajar a
la mujer dentro del propio hogar dejándole solo labores domésticas, como es
cocinar, implica que también sea rebajada respecto a su rol como sujeto social.
El conjunto de muchas realidades como estas en la comunidad, implica la
reproducción de una misma idea social sobre la mujer, la idea de la mujer en la
casa, con los niños y en la cocina.
La
realización de los blogs para el curso, son generadores de discusión, esto es
debido a que particularmente da cuenta de una realidad que ocurre en nuestra
comunidad que es latente y que podemos criticarla como integrantes
pertenecientes a ésta. A través de la construcción de estos relatos, como
estudiantes podíamos dar cuenta de las situaciones de sexismo en nuestra
cotidianeidad y ser capaces de reconocerlas, es decir, estar mucho más atentos
a prácticas como éstas para llegar a generar una crítica. Criticar estas
situaciones hace que tomemos conciencia de estas situaciones que pasaron, que
ocurren y seguirán ocurriendo en nuestra vida y podamos reaccionar y hacer algo
al respecto, generar un cambio de las pautas sexistas impuestas igualando el
trato tanto hacia hombres como mujeres.
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