9 de junio de 2015

Familia reproductora de sexismo

Para iniciar, es necesario explicar que el sexismo es una forma de agresión respecto al género, generalmente se revela a partir de la subordinación de un sexo sobre otro. Esto ocurre en su mayoría, y muy frecuentemente en nuestra sociedad Chilena, que la mujer es considerada inferior al hombre. Esta inferioridad se refiere a toda una cultura machista y/o paternalista que ha sido instalada en nuestro país desde sus inicios. Se genera como parte de nuestra cultura, provocando una aceptación inconsciente, por todos nosotros, integrantes de esta sociedad.

Como expresión de ésta situación, se encuentra la familia. Dentro de mis blogs, he relatado dos situaciones, en donde la familia ha sido generadora de sexismo. En primer lugar, la familia es un núcleo importante en la organización social, especialmente en la de Chile, donde actúa como “formadora” respecto a los individuos en sociedad. Respecto al tema del sexismo, la familia es la base fundamental de este dilema. Es aquí, donde en la mayoría de los casos, se encuentra el origen del sexismo o la violencia contra el género, ya que en este núcleo es donde el individuo genera sus herramientas para salir y generar su particularidad de ver al mundo, en este caso en específico, ver como el hombre y la mujer interactúan y se relacionan en sociedad.

Dentro de la familia, ocurren variados acontecimientos que dan cuenta de un claro sexismo que fue y que aún es vigente. El hombre es la cabeza de la “jerarquía familiar”, mientras que la mujer es subordinada. El hombre desde los inicios, es quién ha tenido siempre un cargo público dentro de la familia, por lo que lo pone como el proveedor del hogar, el cual tiene beneficios respecto a los demás integrantes, por el hecho de solventarlos a todos. Actúa también como un sujeto de autoridad, ya que es el quien pone su carácter frío y genera orden dentro del hogar. Por otro lado, la mujer es ese “ser sensible” que cuida y protege a los hijos, quién los alimenta y espera al marido en el hogar para servirle, ya que su rol dentro de esta jerarquía familiar es lo doméstico, es decir, ser la servidora de quién la provee a ella, a sus hijos y su hogar en totalidad. Esto fue tan internalizado en las familias chilenas, que era más una costumbre, algo propio de la cultura del país. Al transcurrir el tiempo, esto se ha ido modificando, ya que la mujer ha salido del ámbito doméstico o privado y salió al área pública a trabajar, a generar su propio su sueldo, es decir, su propia independencia. Pero este cambio llega hasta ahí, la mujer sale a trabajar, pero eso no significa que el hombre se haga cargo de lo doméstico, inclusive el hombre sigue todo como ha sido siempre, por lo que la mujer aparte de su entrada al trabajo, también no ha debido descuidar el área doméstica, ya que es la mujer quién trata con los niños, con la cocina, con el aseo, en general, con la organización del hogar.

En el primer blog que realicé, relataba como dentro de una celebración familiar, una tía abuela comenzaba a enumerar a cada una de las mujeres que estábamos presentes para que pusiéramos la mesa para “tomar once”, excluyendo de su enumeración a todos los hombres. Ésta tía abuela tiene 60 años, y su hija de 39 años le reclamó, diciendo que no era justo que solo contara a la mujeres, siendo que habían hombres que también estaban en el mismo lugar que nosotras y que no tenían ninguna discapacidad física que les impidiera “poner la mesa”. Con ésta situación, se puede ver como la mujer se denota a sí misma como subordinada, ni siquiera dándose cuenta de esto. Prácticamente, este relato quiere decir como el hombre es incapacitado de hacer cosas domésticas, justificado tanto por ellos mismos, como las mujeres, cuando realmente no es así, ya que ambos géneros tenemos la misma capacidad de hacer algo tan banal como colocar la mesa para tomar once. Lo ocurre es que tenemos internalizado, que eso es trabajo exclusivo de la mujer y que no es tema del hombre.

Otro tema respecto a la familia que surgió en mi último blog relatado, es sobre el rol de la mujer en la cocina. Al contrario del caso anterior, el comentario debatido fue emitido por una joven de 21 años, que muy firmemente recalcaba que a quién le correspondía el lugar de la cocina era a la mujer, ya que el hombre tenía otro rol dentro del hogar, por lo que no le correspondía saber cocinar ni hacer uso de la cocina. Me atrevería a decir, que se trata más bien de un “discurso aprendido”, ya que ella mencionaba que eso era lo que le habían enseñado sus padres. Con este tema, claramente se ve como nuevamente la familia es una formadora de roles, que se reproduce luego en la sociedad, es decir rebajar a la mujer dentro del propio hogar dejándole solo labores domésticas, como es cocinar, implica que también sea rebajada respecto a su rol como sujeto social. El conjunto de muchas realidades como estas en la comunidad, implica la reproducción de una misma idea social sobre la mujer, la idea de la mujer en la casa, con los niños y en la cocina.


La realización de los blogs para el curso, son generadores de discusión, esto es debido a que particularmente da cuenta de una realidad que ocurre en nuestra comunidad que es latente y que podemos criticarla como integrantes pertenecientes a ésta. A través de la construcción de estos relatos, como estudiantes podíamos dar cuenta de las situaciones de sexismo en nuestra cotidianeidad y ser capaces de reconocerlas, es decir, estar mucho más atentos a prácticas como éstas para llegar a generar una crítica. Criticar estas situaciones hace que tomemos conciencia de estas situaciones que pasaron, que ocurren y seguirán ocurriendo en nuestra vida y podamos reaccionar y hacer algo al respecto, generar un cambio de las pautas sexistas impuestas igualando el trato tanto hacia hombres como mujeres.

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