La familia es la fuente de reproducción de las complejidades de la sociedad en la que vivimos. En ella se interiorizan las normas, los valores, los procesos de aprendizaje y prácticas que determinan de algún modo la manera en la que nos moveremos por el mundo.
En una sociedad patriarcal los roles quedan específicamente establecidos, la mujer con la crianza de los hijos, el mundo doméstico y todo lo que sea referente al mundo privado. El hombre es el proveedor , el jefe de hogar el que toma decisiones importantes. Ningún hogar se encuentra lejos de esas prácticas, si bien algunas de ellas van en retirada, se conserva aún la matriz del machismo que se mantiene muy bien posicionado en la sociedad Chilena.
Cada experiencia machista que viví fue externa a mi grupo familiar. Nací en una familia numerosa y muy cercana entre sí, la gran mayoría son mujeres y madres solteras. Crecí en medio de discursos sexistas que no tenían relación con el machismo y su reproducción , por el contrario, se asemeja a un discurso feminista muy radical, si es que puedo categorizarlo de ese modo.
Desde pequeña escuché relatos tristes acerca de las frustraciones que vivían mis familiares por ser madres solteras : Desde mi abuela, mis tías y madre. Mi madre era un caso aparte, rompió con la tradición familiar, pues se casó pero de igual manera su discurso era muy similar. Han sido las mujeres de mi familia las proveedoras del hogar, las que toman las decisiones importantes, las que iban a la Universidad con sus hijos y además trabajaban, las que pidieron ayuda a los padres por manutención y fueron rechazadas.
Debido a ese tipo de experiencias los hombres en mi hogar han sido despreciados al nivel de considerarlos seres sin inteligencia, algo más parecido a un animal que a un ser humano. Cabe mencionar que ese tipo de discurso sin emitir juicio alguno, daba a conocer las frustraciones que miles de mujeres han vivido a lo largo de la historia por ser madres solteras, por tener hijos no reconocidos y las numerosas dificultades que vivieron en un contexto diferente al de hoy en día.
Sin duda alguna eso comenzó a forjarme un tipo de visión muy limitada respecto a los hombres. En mi hogar siempre fueron objeto de burlas cualquier hombre que llegase allí, peor aún si se equivocaban o hacían algo mal, las mujeres de mi familia se esforzaban por humillarlo y ridiculizarlo. Ninguno se salvó, ni los primos, los sobrinos ni parejas, tampoco mi padre.
Aunque al igual que un hombre que es machista, para mi era difícil cambiar dicha visión de los hombres, por cierto, no era algo que me ocurriese solo a mí, mis primas, mis hermanas tenían el mismo problema. Empatizar con el género masculino fue una tarea difícil, sobre todo aún cuando comencé a establecer relaciones de pareja. Cuando comencé a pololear sentí que se venía el mundo encima : Por un lado estaba un hombre por el cual sentía afecto, amor y por otro el era hombre, un ser que era capaz de hacerme daño, que pensaba poco, que se dejaba llevar por sus instintos, que era un idiota y miles de calificaciones más.
Después del tiempo, logré desprenderme de esos discursos que me acompañaron desde muy pequeña. Aunque sé que aún falta trabajo, he ido rompiendo de algún modo con prácticas que me fueron heredadas que no contribuyen a mi desarrollo personal.
Para finalizar escribir en el blog como también leer las experiencias de los compañeros ha sido una experiencia enriquecedora como también alentadora. El hecho de identificar prácticas que se han perpetuado desde hace muchos años, que se han interiorizado y que parecen normales y muy cotidianas, se genera un espacio crítico respecto al sexismo que se vive en la sociedad actual. De experiencias cotidianas se puede desprender lo complejo que es el sexismo y todo lo que con lleva dichas prácticas : violencia, discriminación, desigualdad, entre otras.
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