23 de marzo de 2016

¿abuelos o abuelas?

Esta experiencia me ocurrió un “día hábil” de la semana, en el Metro de Santiago. Era una hora en la que no concurría demasiada gente, lo que hacía un poco más grato el viaje. Pienso que, el hecho de poder viajar sentado en el metro –cualquiera sea la hora– agrega un “privilegio” si se le puede llamar, al servicio.  Esto mismo me lleva a cuestionarme un poco el rol de los asientos preferenciales, que están distinguidos de los otros por su color, además de una correspondiente señalética (que indica a personas que tienen esa preferencia).

Por otra parte, con el título de esta reflexión hago referencia a mi opinión respecto a la gente de la tercera edad; ya que generalmente se espera que haya una preocupación por parte de la sociedad en su conjunto hacia los ancianos y las ancianas. Ahora bien, eso puede referirse a, por ejemplo, un sistema de previsión social, servicios generales del Estado para la Tercera Edad, una cierta “cultura del cuidado”, y muchas otras categorías, tanto de preocupaciones como de soluciones, que se podrían incluir. Aquí me referiré a un trato cotidiano que se puede observar en un lugar tan “público” como el Metro.

Apenas me subí al Metro en la estación Los Héroes, vi a un adulto mayor hombre parado en el vagón del tren. Habían asientos vacíos antes de que yo ingresara, sin embargo, de inmediato fueron ocupados por gente de distinto sexo y edad (pensé que el viejo no se quería sentar, o se bajaría pronto). En el transcurso del viaje, se subió un grupo de ancianas asiáticas (y ocupo este término porque me es imposible reconocer su país de origen).  En los vagones de más adelante se subió un hombre que se le notaba una delicada condición  de salud, pero rápidamente alguien le cedió  un asiento. El otro hombre que yo había visto en un principio y con el cual venía muy cerca, seguía allí parado, sin embargo igualmente ,a mi parecer, “débil” o de una muy avanzada edad.

Las ancianas asiáticas se venían de pie en el viaje, igual que otros y otras que íbamos allí. Lo bonito ocurrió cuando ellas incitaron a cederle un asiento al hombre con el que veníamos en nuestro vagón, ciertamente era poco lo que se podía entender de lo que estaban diciendo, pero hicieron que una mujer de edad adulta aparentemente chilena se levantara de un asiento para que este señor se pudiese sentar. La mujer del asiento lo hizo sin reacción alguna mas que la inmediatez.


Quizás esta experiencia no podría estar catalogada como una sexista, pero creo que puede deberse a mi reflexión sobre la gente anciana. Quizás, a las mujeres ancianas se les cede más el asiento en el metro o en la micro; habría que preguntarse también si esto es un problema en la cultura chilena respecto a los(as) ancianos(as), o más bien se intersecta la tercera edad y el género, generando una cultura doblemente discriminatoria.

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