23 de marzo de 2016

Cortado por las mismas tijeras

Reflexionar sobre vivencias sexistas en la vida cotidiana, me llevó en un viaje en el tiempo hace muchos años atrás, cuando tenía 9 años y era un niño que me gustaba llevar el pelo largo, lo cual hasta hoy en día no es permitido por la mayoría de los colegios de nuestro país. Fue ahí cuando empecé a recordar porqué terminé por cortarme el pelo.

Recordando distintas vivencias y confusiones, por este simple pelo largo, recuerdo que cada vez que entraba a una panadería o frecuentaba un kiosko, la frase inaugural de los vendedores era "que se le ofrece señorita?", lo cual para mi mente de niño de 9 años las primeras veces solo generaba risas e intentar responder con voz mas ronca, diciendo que era niño, pero siempre esa respuesta venía acompañada de burlas, y muchas veces de " debería cortarse esa chasca, parece niñita mijo", y así fue como me fueron maleducando poco a poco, entre los cuales, aportaron profesores, inspectores, familiares, repitiéndome una y otra vez que me veía como "niñita", incluyendo un tono despectivo en sus comentarios la mayoría de las veces, y agregando una serie de adjetivos que bordeaban temáticas relacionadas a la estética, que cargaba en su interior juicios morales y sumamente machistas.
Así fue pasando el tiempo, y mi querido y añorado pelo largo, se fue transformando de una entretenida elección, a una incomodidad que cargaba en mi cabeza y que me marcaba en comparación ante otros niños.
Jamás podré olvidar estar jugando fútbol en educación física, estar marcando a un compañero y que el profesor dijera que marcaba bien porque era "maricón" porque tenía el pelo largo, me dio mucha impotencia realmente.Y fue así como este entretenido pelo largo, que los primeros días cuidaba con cariño, lavaba y peinaba, se fue ganando una serie de adjetivos como "niñita, maricón, princesa" que para nuestra sociedad tienen una significación despectiva, y fue así como el pelo largo empezó a ser un problema para mi día a día como niño,
Quien diría que no cortarse el pelo, te llevaría a vivir el sexismo en su máxima expresión. Siempre seguía firme a la decisión de tener mi pelo largo, porque a mi me gustaba, pero poco a poco, el resto me fue dando razones injustas para cortarme con la mismas tijeras que nos habíamos cortado la mayoría.
Un día estaba en un restaurant en la playa con mis papas y el mesero se acerca con la carta y me dice "y a usted que se le ofrece señorita?", en ese momento mis primos empezaron a reírse y a burlarse con los cánticos que todos conocemos, En ese momento corrí al baño con rabia, y fui a mirarme al espejo tenía el pelo muy desordenado, largo , y lo peiné por ultima vez, fue ahí cuando abre la puerta un señor, cierra la puerta y dice "disculpe parece que me equivoque de baño". Ahí decidí cortarme el pelo, lo cual seguramente nunca debí haber hecho.

Arboleda





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