Era el día del partido de Chile contra Colombia y
terminado este, nos organizamos con Matías
(mi mejor amigo) para salir a algún pub
o bar del centro de Santiago, específicamente del barrio Brasil. Después de un
rato en el bar y probar distintos tragos decidimos volver a casa pero para
llegar allá debíamos pasar por la Plaza Brasil, y al caminar por la plaza paso
una persona vendiendo cerveza y decidimos comprar, por lo cual nos quedamos en
la plaza tomando las cervezas y fumando cigarros. Pasado unos veinte minutos se
acercaron a conversar dos personas que también estaban tomando cerveza en la
plaza, pero se notaba que ya se les habían pasado un poco la mano con el
alcohol, pero no le dimos mayor importancia con Matías y comenzamos a compartir
con ellos, riéndonos de distintas anécdotas que nos había ocurrido a lo largo
de la vida, y cuando fue el turno de una de las personas que se acercó a
hablarnos de contar su anécdota, nos
dijo que el un día había encontrado a la madre de su hijo engañándolo en la
casa de la madre de esta, por lo cual el golpeo al a su pareja y al amante,
luego de esto procedió a echar a la calle a este último y se llevó a su pareja.
Por el acto anterior su amigo lo felicito y le dijo: “está bien
hermano, eso es lo hace un hombre de verdad”, provocándole risa, y motivándolo a
seguir con la historia, por lo que cuenta que después llevarse a la madre de su
hijo, la amenazo con que si volvía a pasar, la golpiza sería peor y que que de
ahora en adelante ella debía dedicarse a las labores del hogar y de su hijo. Su
amigo le dio la mano y un abrazo, por portarse como todo un hombre, y dejar
claro quién es el que manda. Yo y Matías no emitimos ningún comentario de esta
historia, ni si quiera reímos como con
las historias anteriores, dejamos pasar un
poco de tiempo y abandonamos la plaza en dirección a nuestro hogar.
Larry
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