23 de marzo de 2016

Escuela de Manejo

Fue hace aproximadamente tres semanas cuando acompañe a mi mejor amiga junto a su hermano a las clases de manejo que él estaba tomando en una escuela ubicada en la comuna de Ñuñoa.

Cuando entramos a la escuela todo iba realmente normal. Entramos, saludamos y nos sentamos a esperar que diera la hora para que el hermano de mi amiga pudiera ir a sus clases de práctica.

Cuando él se fue, nosotras nos quedamos sentadas haciendo hora por lo cual nos pusimos a conversar de “nuestras vidas”. Luego de un rato llega uno de los instructores, quien era un adulto de aproximadamente  52 años, que comenzó a hablar con nosotras. Hasta ese momento todo iba relativamente normal  hasta que ambas comenzamos a darnos miradas un tanto inquietas porque el hombre era un tanto insistente en hacer bromas tratando de “hacerse el lindo” pero a su vez nos tacaba el brazo de vez en cuando lo cual para ambas era incomodo porque era la primera vez que veíamos a ese hombre.

La conversación con el instructor estaba en el marco de que estudiábamos nosotras y como él nos daba “consejos” sobre la vida porque él ya era un “un hombre adulto que ha vivido mucho por lo cual él nos podía aconsejar” con lo cual ambas estábamos como “ya ….”  pero eran desagradable dos cosas: la primera es que él se sintiera en parte con el derecho de decirnos que cosa estaba bien para hacer en nuestra vida, porque si bien él nos “aconsejaba” se podía notar claramente un tanto mandatorio. Lo segundo tiene que ver respecto al derecho que el sintió que nos podía “tocar” sin siquiera conocernos, por el simple hecho de ser menores y claramente mujeres, donde al parecer existe casi un derecho implícito en donde los hombres más adultos pueden tocar a las “chiquillas” sin pedir permiso porque es algo “amable” cuando recordemos que se trataba de un desconocido.

Ambas luego de que todo esto ocurrió, conversamos lo desagradable que fue y lo “patuda” de tu actitud respecto a nosotras dos quienes no pudimos decir que nos parecía desagradable porque no queríamos quedar como irrespetuosas en un lugar donde el hermano de ella asistía casi diariamente, pero a su vez no dijimos nada por ese “miedo” o “vergüenza” que nos dio en el momento.


Larry S.

No hay comentarios:

Publicar un comentario