23 de marzo de 2016

Masculinidad, matrimonio, familia y provisión

Desde que era niño me han criado con la idea de que en las familia, una de las labores del ser padre y esposo era el proteger a esta, y por ende, se la atribuía el rol de principal proveedor.
Actualmente, esto último podría considerarse por algunos como conservador, sin embargo, a mí me lo inculcaron como algo inherente al rol masculino, el de resguardar a la familia, permitiéndole a esta la libertad que deseen para realizar aquello que quieran, sin la necesidad de hacerlo por motivos económicos. Es decir, que si la madre quiere trabajar, que sea por gusto suyo y no porque se requiera más dinero en el hogar para subsistir; aunque no por ello se le niega el participar en el pago de los gastos del hogar si es que ella lo desea. Puesto que lo contrario, resultaría ser prácticamente un tipo de derrota para el “hombre de la casa”.
Mientras fui creciendo, este aspecto estaba prácticamente naturalizado y nunca lo cuestioné, puesto que no solo lo veía en mi familia, sino que también era usual, al menos en apariencia, en la de mis amigos y conocidos. Sin embargo, al pasar los años, cuando uno comienza la etapa de pensar en el futuro de uno, como el qué estudiar una vez terminado el colegio, fue imposible no tener en cuenta para tal decisión aquel aspecto con el que fui criado, el del hombre proveedor. Pero además, el concientizarme  del contexto socioeconómico en que se halla nuestro país, uno en el que la mayoría de los matrimonios deben trabajar para sostener a sus familias dado el encarecimiento de la vida durante los últimos años, una realidad totalmente diferente a la de nuestros padres o abuelos.
Para muchos, el que el hombre y la mujer sean juntos los sostenedores monetarios de una casa es algo lógico y normal, puesto que debe ser una tarea compartida, y con el tiempo, yo también lo fui viendo de ese modo. Pero al conversar temas asociados a este con mis padres, siempre salía en palestra aquel estilo de vida que adopto mi familia desde que se formo, resultándome imposible disuadir de él.  Era un paradigma demasiado internalizado en mi pensar e inconsciente.
Aún así, esta idea resulta una carga para mí y el género masculino, una que incluso puede ejercer presión y obstruir parte de la propia libertad, puesto que el hombre debe intentar buscar la manera de cumplir aquello, un cierto ideal tanto personal como socialmente. Resultando inevitable para uno, que creció con este pensar el quizás intentar conseguirlo algún día, aún cuando sea cada vez es más difícil lograrlo.

Gatsby

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