Desde
que era niño me han criado con la idea de que en las familia, una de las
labores del ser padre y esposo era el proteger a esta, y por ende, se la
atribuía el rol de principal proveedor.
Actualmente,
esto último podría considerarse por algunos como conservador, sin embargo, a mí
me lo inculcaron como algo inherente al rol masculino, el de resguardar a la
familia, permitiéndole a esta la libertad que deseen para realizar aquello que
quieran, sin la necesidad de hacerlo por motivos económicos. Es decir, que si
la madre quiere trabajar, que sea por gusto suyo y no porque se requiera más
dinero en el hogar para subsistir; aunque no por ello se le niega el participar
en el pago de los gastos del hogar si es que ella lo desea. Puesto que lo
contrario, resultaría ser prácticamente un tipo de derrota para el “hombre de
la casa”.
Mientras
fui creciendo, este aspecto estaba prácticamente naturalizado y nunca lo
cuestioné, puesto que no solo lo veía en mi familia, sino que también era
usual, al menos en apariencia, en la de mis amigos y conocidos. Sin embargo, al
pasar los años, cuando uno comienza la etapa de pensar en el futuro de uno,
como el qué estudiar una vez terminado el colegio, fue imposible no tener en
cuenta para tal decisión aquel aspecto con el que fui criado, el del hombre
proveedor. Pero además, el concientizarme
del contexto socioeconómico en que se halla nuestro país, uno en el que
la mayoría de los matrimonios deben trabajar para sostener a sus familias dado
el encarecimiento de la vida durante los últimos años, una realidad totalmente
diferente a la de nuestros padres o abuelos.
Para
muchos, el que el hombre y la mujer sean juntos los sostenedores monetarios de
una casa es algo lógico y normal, puesto que debe ser una tarea compartida, y
con el tiempo, yo también lo fui viendo de ese modo. Pero al conversar temas
asociados a este con mis padres, siempre salía en palestra aquel estilo de vida
que adopto mi familia desde que se formo, resultándome imposible disuadir de él. Era un paradigma demasiado internalizado en
mi pensar e inconsciente.
Aún
así, esta idea resulta una carga para mí y el género masculino, una que incluso
puede ejercer presión y obstruir parte de la propia libertad, puesto que el
hombre debe intentar buscar la manera de cumplir aquello, un cierto ideal tanto
personal como socialmente. Resultando inevitable para uno, que creció con este
pensar el quizás intentar conseguirlo algún día, aún cuando sea cada vez es más
difícil lograrlo.
Gatsby
Gatsby
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