Esta historia
comienza en el pasto de la plaza donde íbamos con mis amigos, casi todos éramos vecinos,
y nos conocemos desde los dos años más o menos.
En aquel día yo tenía
como ocho años, y el Felipe diez. Estábamos en la plaza jugando mientras su
abuela nos cuidaba. Nos tirábamos por el resbalín y volábamos en los
columpios. Todo era tranquilidad y juegos hasta que el Felipe agarró
la muñeca de una niña que estaba ahí. Me acuerdo que nos fuimos a una esquina
de la plaza y estábamos los tres jugando, pero el Felipe quería llevarse la muñeca…
al final la niña en cuestión se la prestó mientras nosotras nos quedábamos en
el juego que gira (no sé cómo se llama pero era genial), era muy genial hasta que escuchamos muchos gritos y
llantos desesperados. Miré y era el Felipe,
lo miré bien y lloraba porque su abuela le estaba gritando.
Cuando me acerqué escuché
que la vieja Hilda le gritaba porque no podía tolerar un nieto afeminado. En
sus palabras recuerdo algo como " no puedo creer Felipe que estés jugando
con las muñecas, mira como las arropas… eso es de mujer " (léase con voz neurótica),
a lo que Felipe le respondía "pero
si a mí me gustan, y no soy mujer".
Yo creo que el
Felipe sentía vergüenza, porque yo también la sentía, menosmal que la Hilda se
dio cuenta y dejó de gritar, pero agarró al Felipe de la polera y nos llevó de vuelta a la casa.
En el jardín estaba
mi mamá… como el Felipe venía llorando se asustó, yo le dije que quería entrar
a la casa, porque también me había asustado un poco.
En la casa le conté
a mi mamá lo que había pasado, y le dio pena. Me dijo que no tenía nada de malo
que él fuera hombre y jugara con las muñecas.
Desde ahí que mi
mamá me dijo que invitara al Felipe y a
la Paula ( su hermana ) a ver Dragon ball a mi casa, así el jugaba si quería o
veía Dragon ball con nosotras comiendo pan con queso.
Verdepaco
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