Son días que emulan aún
el verano, calurosos y soleados como siempre en su máxima expresión al medio
día horario que recorro en bicicleta todos los Martes desde Ñuñoa a la Universidad
( se ubica en Santiago Centro). El camino al centro de Santiago no se hace tan tedioso
debido a la existencia de ciclovías, pero que muchas veces se ven descontinuadas
en transiciones a comunas diferentes o bien con las innumerables construcciones
de edificios que con sus camiones y máquinas de construcción obligan volver al tránsito
con los automóviles, micros y furgones.
Cuando iba por la ciclovía
de Curicó, entre la calles Portugal y
Fray Camilo Henríquez, es cuando diviso un camión que corta el tránsito para
las bicicletas debido uno de los tantos edificios en construcción en Santiago,
por lo tanto me hago a un lado para volver a la calle con los autos. Es cuando me
llama la atención los chiflidos y gritos con alusiones sexuales proveniente de
la construcción, que claramente eran los obreros, dentro de lo cual volteo mi
vista hacia en dirección a los edificios, de forma que logro divisar una mujer
joven con vestido marrón que pasaba caminando por medio de la acera, con una
cara que transmitía una extraña mezcla de indignación, frustración y miedo. No hizo más que acelerar la marcha, para que
pronto acabaran los alaridos de los hombres resguardados en las alturas que
solo expulsaban morbo, violencia y humor burdo fuera de lugar entremedio de
carcajadas de sus pares.
Esto ocurrió en un par de
segundos, el bombardeo de gritos y chiflidos aparecían violentamente dirigidos
a la mujer, donde en otras ocasiones los obreros llaman de mala forma
adulaciones a la belleza de la mujer, este hecho solo constata una práctica común entre
los obreros que asechan a muchas mujeres que cruzan cada construcción, por lo que
me ha tocado observar de manera constante en este trayecto.
“FueradeJuego”
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