No creo que si hablemos de sexismo podamos hablar sólo de
los acosos callejeros o de que un hombre no
es tal porque le gusta cocinar o no juega fútbol. El sexismo va más allá
y, en cierto sentido, más acá al mismo tiempo. Se puede dar entre los pares más
cercanos, incluso en el núcleo familiar existen conductas sexistas.
Esta no es una historia mía, si no que fui un testigo más de
las normas sexistas que existen inconscientemente en la mente de aquellos que
no son capaces de dar cuenta de las desigualdades de género que se dan hasta en
las situaciones más simples de nuestra cotidianidad. Quizás es por esto que
muchas personas - sin saberlo - las practican y reproducen.
Ese día estábamos sentados en la mesa de la casa de mi
polola tomando once. El tenso ambiente y el incómodo silencio solo eran
vulnerados por el sonido de las noticias en la televisión.
No encontraba una razón a esta indiferencia, cuando de
repente irrumpió una voz aguda y enojada: Mi suegra. En ese momento hubiera
preferido que la silenciosa incomodidad hubiera estado presente durante todo el
tiempo. Por fin entendí que era lo que generaba el enojo de mis suegros. -“Eso
no lo hace una señorita.”- decía ella. -“Lo que tú haces lo hacen las mujeres
indecentes”- seguía atacando a mi polola con argumentos, para mí,
incomprensibles. -“Pero mamá si casi ya vamos a cumplir 10 meses”- respondía mi
polola sin que en mi suegra encontráramos algún rastro de comprensión. Mi
suegro permanecía callado con un aire de gozo insoportable al escuchar las recriminaciones.
Lo que había desencadenado la rabia en ellos era la simple
-o compleja- razón de que los dos nos habíamos quedado a dormir en mi casa el
día anterior, lo que para ellos era inaceptable viniendo de la “señorita” que
habían criado.
La tónica de la once estuvo marcada por las acusaciones y
calumnias hacia mi polola, por lo que al momento de ver que mis suegros terminaban
la última gota de té dije -“Permiso voy a levantar la mesa”- en ese momento
ocurrió algo que debí haber esperado pero que por alguna razón no preví. -“Mira”- dijo mi suegro sentándose en el
sillón a mirar la televisión -“Él está haciendo lo que es tu deber como mujer.”
Asumí que lamentablemente el sexismo es una práctica
cotidiana de la cual es muy difícil escapar y que a veces hasta uno mismo,
siendo consciente de su existencia, cae en su juego.
Son de clara connotación sexista las afirmaciones que mis suegros emplearon en esa ocasión, imponiendo roles que para ellos una mujer debía cumplir sin duda y a ojos cerrados, poniendo en claro que el hombre no debía levantar la mesa ya que este era el trabajo, de alguna manera, exclusivo de la mujer.
Aún sigue latente la idea del sexo débil y sexo fuerte, y lo único que logra esta idea es reproducir los abusos en desmedro de la mujer.
Ivar el Deshuesado.
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