Cuando era más niña acostumbraba ir caminando al centro comercial que queda cerca de mi casa. Un día, iba con mi amiga a cambiar unos zapatos y nos fuimos caminando por el bandejon central de Av. La Florida. De ida los autos nos tocaban la bocina y nos gritaban cosas, más bien los hombres que iban en ellos, las cosas que nos decían eran los conocidos “churros” o piropos que hoy en día están siendo muy cuestionados como violencia hacia la mujer, en fin. El evento más claro, considero yo, de sexismo que experimentamos esa tarde ocurrió cuando veníamos de vuelta. Íbamos muy tranquilas caminando por el mismo lugar, cuando a lo lejos se escucha que viene un auto con música muy fuerte y, cuando volteo para ver que sucedía, uno de los sujetos que iban dentro del vehículo tenía la mitad de cuerpo afuera y el brazo estirado con la mano abierta y mirándome fijamente. Él me quería tocar, en estricto rigor, podría asegurar que su intención era tocar mi trasero, a lo que por su puesto yo no iba a acceder, así que me corrí inmediatamente y advertí a mi amiga. En el instante nos enojamos y le comenzamos a gritar cosas a los sujetos mientras se alejaban. Una de las cosas que llamo mi atención fue la cara del tipo, era una sonrisa de oreja a oreja, no sé que se le habrá pasado por la mente en ese momento, sinceramente creo que nada. Porque pondría las manos al fuego a que a ese hombre no le gustaría que le hicieran eso a su madre, hermana, esposa, hija o mujer a la que le tuviera algún tipo de cariño y/o respeto.
El viaje en sí, estuvo lleno de situaciones sexistas, en donde los hombres, por algún motivo, sentían que tenían dominio sobre las mujeres o creían que nos gustaba sentir esos piropos, que a todo esto nadie pidió, o que no sé, nos sentiríamos alagadas porque un montón de extraños nos hicieran notar que les gustábamos físicamente o algo por el estilo. Personalmente considero que este tipo de situaciones se tienen tan naturalizadas, a tal punto que cuando conté mi experiencia a otras mujeres, la juzgada fui yo por haberles contestado groserías. Me sentí confundida, no lograba entender como lo que yo acaba de vivir se había tergiversado, a tal punto, que yo termine actuando de una manera indebida, cuando quien intentó agredirme jamás será cuestionado por sus actos y seguirá viéndolo como algo normal, y peor aún, como una gracia.
Bar.
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