Como el sexismo no sólo se reduce a tipos de violencia grave
es posible encontrarlo en pequeñas situaciones de la vida y en distintos
escenarios, por ejemplo en el colegio.
Obligatoriamente desde mitad de la educación básica y media
completa debíamos asistir al curso de deportes, el cual se dividía en básquetbol, voleibol y atletismo, éstos tenían una subdivisión de cursos para hombres y
para mujeres, en el cual cada uno tenía diferencias en cuanto a esfuerzo, los
hombres ejercían un entrenamiento mucho más duro, mientras que las mujeres
teníamos un entrenamiento más liviano, además de la posibilidad de poder
asistir a alguno de dos cursos extra que eran gimnasia artística y fútbol,
lamentablemente estos también estaban separados y limitados por género, pero la
diferencia es que una mujer estaba excluida de jugar fútbol y un hombre
completamente excluido para practicar gimnasia. Siendo que en los recreos se
podían ver normalmente a mujeres jugando fútbol, por lo tanto, no era algo que
netamente no nos llamara la atención, sino que las normas del colegio nos
restringían al momento de querer aprender y seguir un deporte con ayuda de
profesores. Cabe destacar que siendo pequeña escuche reiteradamente comentarios
de profesores recalcando que “el fútbol no es femenino”, que para nosotras
estaba “gimnasia artística o el taller de danza”, ¿Qué sucedía si mi pasión o
la de alguna amiga/compañera era el fútbol (o algún deporte masculino)? ¿Si el
de un compañero era la gimnasia?
Más tarde se abrieron talleres fuera de horario de clases
para fútbol femenino, pero aun así tendiendo a segregar a los alumnos según su
género. Quizás en su momento no se me hacía molesta esta regla debido a mis
gustos, pero observando desde una posición externa, el estar limitado a
practicar un deporte o una actividad que realmente te gusta debido a normas
impuestas por el colegio o autoridades fomentan la desigualdad.
Marie Laveau
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