Iba en el metro un día martes alrededor de las 22
horas, después de mi entrenamiento de basquetbol por lo cual iba muy cansado. En
el mismo vagón que el mío se encontraba una señorita de alrededor de unos 22
años que aparentemente había hecho sus compras en el supermercado, por lo cual iba con un par
de bolsas. A lo largo del trayecto, que para mi era bastante largo, o sea desde
la estación Los Héroes hasta la estación Hernando de Magallanes (gran parte de
la línea 1) se desocupa un asiento y la señorita y yo nos movimos en dirección
a éste. Yo caballerosamente le cedí el asiento, y todos en el vagón me miraron
y asintieron como queriéndome decir “esa es la actitud”.
Lo que me
causó intriga fue que dos estaciones más allá la señorita se bajó con sus
bolsas dejando el asiento libre, el cual fue ocupado por otra joven que parecía
con algo más de edad que la anterior. El punto es, dónde queda el criterio de
las jóvenes? Siendo que vieron mi expresión total de cansancio, mi aparente fatiga
corporal y mi abultado bolso, y en tal caso, si hubiese estado yo sentado y un
joven también cansado va de pie, le cedería el asiento, pero en esta
oportunidad no fue así. Se trata entonces de una desigualdad de género a la que
estamos tan acostumbrados? o es por el mero hecho de ser mujer que merecen las
dos jóvenes el asiento? Mas fue un acto de cordialidad mía el hecho de ceder el
asiento, pero el caso es que todos los del vagón vieron como correcto mi actuar,
pero el hecho es que ellas al igual que yo merecíamos el asiento de la misma manera, solo que las señoritas actuaron bajo su percepción de la cotidianeidad
(la cual indica que a las mujeres se les “debe” dar el asiento) y optaron por
reconstruir los estándares ya establecidos.
MPG
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