En nuestro diario vivir
hay ciertas prácticas que todos realizamos dada la forma en que funciona
nuestra sociedad, tales como el consumir distintos tipos de productos y
servicios con lo que podemos llevar a cabo nuestra cotidianidad. Dos de los más
comunes, son los alimentos y el vestuario. Después de todo, podemos morir si no
comemos, y si no usamos ropa podríamos desde resfriarnos a causa del frio,
hasta ser arresados o humillados por andar desnudos por la calle. Sin embargo, por superficiales que puedan parecer, estas
prácticas se hallan envueltas en un complejo panorama, uno donde la sociedad ha
estructurado y continua estructurando por convención ciertas categorías diferenciadoras
para estas, por ejemplo, según género.
Personalmente, he
tenido experiencias respecto a esto. Durante casi toda mi vida, cuando asistía
a un lugar para comprar ropa en compañía de mi familia, era usual que al ir
seleccionar algo, hubieran terceros opinando sobre ello. “El color es muy
chillón”, “está muy apretado”, “¿eso es
de hombre?”. Estas apreciaciones fueron muy frecuentes con todos los pantalones que fueran algo ajustado, puesto que los consideraban femeninos, y por tanto,
los de tipo pitillos eran lo peor, prácticamente eran sólo para mujeres (u
homosexuales).
Asimismo, todo pantalón
que fuera de colores fuertes y claros, como verde o rojo, es decir, no
tradicionales como el marrón o azul, para un hombre eran poco masculinos, algo
que siempre considere bastante exagerado, conservador e incluso discriminador.
Imaginen que pensaran mis padres al ver a un hombre con pantalón pitillo de
color naranjo por la calle.
Por otro lado, respecto
a los alimentos, sobre todo en la adolescencia, presencie como ciertos
productos o marcas eran asociadas a un género específico. Recuerdo que cuándo iba al colegio,
ir Starbucks Coffee o comer mucho Sushi era algo muy de “mina”, aunque no por ello los hombres tenían vetados esos
productos,. Pero existía cierto estigma. Es por ello que con mis amigos, conscientemente
o no, preferiríamos ir a un Subway o al Papa Johns a comer una buena
hamburguesa o pizza, dos alimentos a los que muchas compañeras se anteponían, sobre
todo aquellas preocupadas por su dieta, algo muy raro en un hombre
.
Sin embargo, considero importante recalcar que
no me encuentro haciendo referencia a diferenciaciones de genero como las de que que la mujer usa tacones y el
hombre no. Esto va en relación a como ciertas diferenciaciones de género aplicadas a aspectos muy básicos de nuestra
vida pueden llegar en algunos casos a límites un tanto exagerados, como en los que
acabo de exponer , el comprar alimentos y vestuario, y como estas pueden influir en nuestra percepción de las cosas, por más simples que estas parezcan.
Gatsby.
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