20 de abril de 2016

Consumo y sus distinciones de género

En nuestro diario vivir hay ciertas prácticas que todos realizamos dada la forma en que funciona nuestra sociedad, tales como el consumir distintos tipos de productos y servicios con lo que podemos llevar a cabo nuestra cotidianidad. Dos de los más comunes, son los alimentos y el vestuario. Después de todo, podemos morir si no comemos, y si no usamos ropa podríamos desde resfriarnos a causa del frio, hasta ser arresados o humillados por andar desnudos por la calle. Sin embargo, por  superficiales que puedan parecer, estas prácticas se hallan envueltas en un complejo panorama, uno donde la sociedad ha estructurado y continua estructurando por convención ciertas categorías diferenciadoras para estas, por ejemplo, según género.

Personalmente, he tenido experiencias respecto a esto. Durante casi toda mi vida, cuando asistía a un lugar para comprar ropa en compañía de mi familia, era usual que al ir seleccionar algo, hubieran terceros opinando sobre ello. “El color es muy chillón”, “está muy apretado”,  “¿eso es de hombre?”. Estas apreciaciones fueron muy frecuentes con todos los pantalones que fueran algo ajustado,  puesto que los consideraban femeninos, y por tanto, los de tipo pitillos eran lo peor, prácticamente eran sólo para mujeres (u homosexuales).

Asimismo, todo pantalón que fuera de colores fuertes y claros, como verde o rojo, es decir, no tradicionales como el marrón o azul, para un hombre eran poco masculinos, algo que siempre considere bastante exagerado, conservador e incluso discriminador. Imaginen que pensaran mis padres al ver a un hombre con pantalón pitillo de color naranjo por la calle.

Por otro lado, respecto a los alimentos, sobre todo en la adolescencia, presencie como ciertos productos o marcas eran asociadas a un género específico. Recuerdo que cuándo iba al colegio, ir Starbucks Coffee o comer mucho Sushi era algo muy de “mina”, aunque  no por ello los hombres tenían vetados esos productos,. Pero existía cierto estigma. Es por ello que con mis amigos, conscientemente o no, preferiríamos ir a un Subway o al Papa Johns a comer una buena hamburguesa o pizza, dos alimentos a los que muchas compañeras se anteponían, sobre todo aquellas preocupadas por su dieta, algo muy raro en un hombre
.
Sin embargo, considero importante recalcar que no me encuentro haciendo referencia a diferenciaciones de genero como las de que que la mujer usa tacones y el hombre no. Esto va en relación a como ciertas diferenciaciones de género  aplicadas a aspectos muy básicos de nuestra vida pueden llegar en algunos casos a límites un tanto exagerados, como en los que acabo de exponer , el comprar alimentos y vestuario, y como estas pueden influir en nuestra percepción de las cosas, por más simples que estas parezcan


Gatsby.

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