20 de abril de 2016

CHI CHI CHI … LE LE LE



El año pasado, tal como todos los dieciocho de septiembre mi familia decidió hacer un asado para compartir en familia. Particularmente en esa ocasión fui buena hija y acompañe a mi mamá al supermercado y a la carnicería que se encontraba cerca de ahí. Esa carnicería es muy famosa por lo que siempre hay mucho tiempo de espera.  Mientras transcurrían los minutos en la carnicería comencé a notar algo extraño, sentía que alguien me observaba  pero pensé que estaba un poco “perseguida”  y no le brinde importancia. A los minutos después pude darme cuenta que un hombre de aproximadamente 45 años era el que me estaba observando, con una cara un tanto pervertida.
Al darme cuenta de la situación, me moví por entre medio de la gente hasta quedar en un rincón oculta. Solo pasaron unos minutos cuando me di cuenta nuevamente que el hombre me estaba mirando, de forma que repetí la acción pensando que quizás  yo exagerando un poco. A los minutos, nuevamente me sucedió, pero esta vez estaba mucho más cerca. Al verlo tan cerca de mí me genero una repugnancia casi inmediata, sin embargo no fui capaz de reaccionar contra de él, y solo salí de la tienda.
Al terminar de comprar mi mamá me pregunta que me había sucedido para que saliera del negocio, le cuento toda esta situación y lo primero que se me viene a la mente es preguntarle ¿ando vestida en forma provocativa? , yo en ese momento andaba  vestida con un jeans y un polerón, y ella me dice que de ninguna forma. Luego me pregunta ¿porque no le dijiste algo? y yo simplemente conteste: no lo sé.
Esta experiencia ha sido la única oportunidad en la que me he sentido acosada y no he tenido capacidad de respuesta. Mi cuerpo simplemente se “congelo”, dejándome totalmente vulnerable ante la mirada de ese hombre. Si bien no me hizo algo “técnicamente” si provoco  un cambio en mi sobre el poder que le doy a otro, y como un género puede influir en eso.

Totti.- 


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