El año pasado, tal como todos los dieciocho de septiembre mi
familia decidió hacer un asado para compartir en familia. Particularmente en
esa ocasión fui buena hija y acompañe a mi mamá al supermercado y a la
carnicería que se encontraba cerca de ahí. Esa carnicería es muy famosa por lo
que siempre hay mucho tiempo de espera.
Mientras transcurrían los minutos en la carnicería comencé a notar algo
extraño, sentía que alguien me observaba
pero pensé que estaba un poco “perseguida” y no le brinde importancia. A los minutos
después pude darme cuenta que un hombre de aproximadamente 45 años era el que
me estaba observando, con una cara un tanto pervertida.
Al darme cuenta de la situación, me moví por entre medio de
la gente hasta quedar en un rincón oculta. Solo pasaron unos minutos cuando me
di cuenta nuevamente que el hombre me estaba mirando, de forma que repetí la acción
pensando que quizás yo exagerando un
poco. A los minutos, nuevamente me sucedió, pero esta vez estaba mucho más cerca.
Al verlo tan cerca de mí me genero una repugnancia casi inmediata, sin embargo no
fui capaz de reaccionar contra de él, y solo salí de la tienda.
Al terminar de comprar mi mamá me pregunta que me había sucedido
para que saliera del negocio, le cuento toda esta situación y lo primero que se
me viene a la mente es preguntarle ¿ando vestida en forma provocativa? , yo en
ese momento andaba vestida con un jeans
y un polerón, y ella me dice que de ninguna forma. Luego me pregunta ¿porque no
le dijiste algo? y yo simplemente conteste: no lo sé.
Esta experiencia ha sido la única oportunidad en la que me
he sentido acosada y no he tenido capacidad de respuesta. Mi cuerpo simplemente
se “congelo”, dejándome totalmente vulnerable ante la mirada de ese hombre. Si
bien no me hizo algo “técnicamente” si provoco
un cambio en mi sobre el poder que le doy a otro, y como un género puede
influir en eso.
Totti.-
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