Era un fin de semana – de eso
estoy segura – cuando por primera vez fui testigo del acoso callejero que mi
mamá sufre casi diariamente.
Ella es una mujer bonita y con
una figura atractiva, además tiene un aire jovial y amigable. Por lo tanto no
es de extrañar que los hombres se la queden mirando al caminar sin importar el tipo de ropa que esté usando.
Mi mamá varias
veces me había dicho que constantemente era víctima de acoso callejero, pero yo
pensaba que sólo estaba exagerando, pues ella tiende a sobreactuar por todo. Sin
embargo todo cambió cuando yo misma pude presenciar esa situación.
Estábamos en Mall Plaza Vespucio
ese día haciendo compras, obviamente. Como era fin de semana había mucha gente
en el lugar, por lo que nosotras queríamos irnos de ahí lo antes posible, lo
que era habitual considerando que siempre evitamos enfrentarnos a grandes
aglomeraciones de personas. Pero justo cuando nos dirigíamos al estacionamiento
tres hombres comenzaron a seguirnos mientras que le decían cosas de mal gusto a
mi mamá, obviamente acerca de su bonita figura. Al principio los ignoramos
esperando que eventualmente se fueran aburridos por nuestra indiferencia, no
obstante lo que no esperábamos era que nos siguieran todo el camino hasta el
estacionamiento. Así que finalmente mi mamá se vio en obligación de ponerle un
alto a toda esa situación, les dijo que se detuvieran ya – no de una manera muy
amigable que digamos, pero era entendible su frustración, después de todo era
bastante incómodo enfrentarse a esa clase de ocurrencia y yo personalmente
tenía hasta un poco de miedo, pues el hecho de que nos huieran seguido fue
desconcertante para mí. De hecho en algún momento llegué a pensar que nos iban
a robar.
Sin embargo en lugar de detenerse
aquellos hombres se empezaron a reír de forma burlona, como si todo fuera un
chiste, como si fuera algo insignificante e inofensivo lo que estaban hadiendo. Y fue en ese momento en el
cual mi mamá explotó de indignación, comenzó a gritarles para que la dejaran
tranquila de una vez por todas porque o si no iba a llamar a los guardias. Eso fue lo que se necesitó para que ellos
finalmente entendieran que mi mamá realmente no quería su torcida atención. Aunque
ellos no lo tomaron muy bien, ya que luego comenzaron a decirle – de manera
agresiva – de que no era necesario gritar de esa manera, que no fuera tan histérica,
que no fuera tan amargada y que debería estar halagada por los piropos y otras
cosas sin sentido que no puedo recordar en estos momentos. Y finalmente después
de eso se alejaron, dejándonos a las dos realmente indignadas.
Bueno, por lo menos ahora sé que
mi mamá decía la verdad y que no estaba exagerando como yo pensaba.
Yukina
No hay comentarios:
Publicar un comentario