21 de abril de 2016

La niña al consumo

Si bien existen prototipos de una estética de belleza, que van cambiando con el pasar del tiempo, no están exentas de la influencia de los arquetipos de la presentación del género, a modo de ejercer una cierta dominación de los patrones de género conservadores. Las tiendas de ropa constantemente producen y reproducen esquemas de bellezas, que condicen con la representación del cómo debe vestirse una mujer y un hombre, incluyendo sus distintas etapas de la vida, con la intensión de influenciar no tan sólo a modo superficial de cada persona (vestimenta), sino también adentrarse en la subjetividad de sus anhelos e identidad del individuo.

 Este martes fui al mall a acompañar a mi madrastra y mi hermanastra más pequeña, de la edad de 13 años, debido a que mi hermanastra necesitaba comprar ropa para el invierno, ya que, su vestimenta de invierno del año anterior ya no le era útil, había crecido lo necesario para que la mayoría de su ropa no le quedara pequeña.
Dentro de las tantas tiendas recorridas y el desfile de prendas probadas, logró escoger mi hermanastra por un par de prendas. Una de ellas era su preferida, que causaría el revuelo de su madre, era una chaqueta negra que calzaba perfectamente con su tamaño, medidas y, sobre todo, cómoda, pero lo que disonaba a los ojos de la madre era que la ropa estaba categorizada para hombres. Esto fue el comienzo de un pequeño conflicto, en que la hija quería a la chaqueta a toda costa pero su madre no deseaba comprársela, sólo por el hecho de decir que estaba diseñada para niños, por lo tanto, prefería comprar una parca celeste con flores, argumentando que ese estilo de ropa era para niñitas de su edad, siguiendo un arquetipo supuestamente femenino, pero su hija fiel a su idea, alegaba que eso no le interesaba ,ya que, lo único que le importaba era que les gustara a ella y se sintiera bien con lo que ella quería vestirse.
La pequeña confrontación termino, cuando la madre llego a un arreglo con su hija, gracias a la decisión de la madre de comprar ambas prendas, pero con la condición era que debía vestir la prenda que ella había elegido para ella, imponiendo la visión de que esa chaqueta correspondía para niñas y la hacía verse bonita para los demás, por sobre todo “atractiva”. Esta experiencia, refleja que el sexismo no solamente tiene deriva en la interacción entre distintos sexos (biológico), sino también se sociabiliza en las interacciones sociales cotidianas de la familia, en que involucra por ejemplo a la madre con sus hijas, donde la misma mujer ya instaurada en los esquemas conservadores de género, guiada por estándares incluso de consumo, intenta transmitirlos mediante su posición de “autoridad” en la familia ante sus hijos.
 

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