El fin de semana pasado, el día
domingo durante la tarde fui al parque a juntarme con una amiga a pasar la
tarde, conversar de la vida (yiaa) y
fumar algo. Cuando llegue note que había más de nuestros amigxs reunidos en el
parque y mientras transcurría el corto tiempo nos llaman por teléfono más amigxs.
Cuento corto, terminamos en el centro, en la casa de uno de nuestros amigxs
cocinando pizza, compartiendo unas cervezas y planeando unas cuentas
revoluciones en nuestra rígida cotidianidad. Como buena tertulia entre amigxs,
la conversación se extendía y cada vez se hacía más tarde, pero es que cuando
una comparte con gente tan bonita, ni ganas dan de ver la hora, mucho menos
volver a la casa a organizar la bazofia semanal.
Como toda mujer nacida y crecida
en Chile, ya sabía que la estaba cagando, sabía que tenía que irme temprano a
casa, porque “las señoritas no andan solas hasta tarde” y como a todx ciudadanx periféricx, me esperaba un viaje de
una hora aproximadamente. Ante esta dificultad que vi en mi camino, me adelante
y me puse de acuerdo con amigo, el cachulo, los dos tomamos micro hacia el
mismo lado y además el me acompañaría hasta que él bajara y yo seguía hasta mi
querida periferia.
Cuando llego la hora de partir,
todxs caminamos hacia la Alameda, unxs iban hacia el poniente, otrxs hacia el oriente, todxs comienzan a buscar
sus paraderos y micros y ahí es cuando se me acerca el chachulo y me dice que
se ira en otra micro que lo deja más cerca. Puta, dije yo en mi mente, es súper
tarde, el medio pique, fijo me quedo dormida, fijo me roban, etc., me pase mil
rollos por el puro hecho de sentirme indefensa por ser mujer y andar de noche
en la calle, injusto. Con toda mi
angustia de shiquilla indefensa fui y le dije al cachulo, “erì súper chueco,
cachulo”, pero con más penita que enojada, no era culpa del cachulo, él no era
responsable de mí, ni culpable de la inseguridad a la que como mujer tengo que
tener presente, para más remate, el cachulo solo me acompañaba un tramo muy
corto de recorrido. Finalmente el cachulo me acompaño a tomar la micro inicial,
los buenos amigos no fallan.
Y para poner el broche de oro, al
momento de llegar a mi casa veo que mi mamá me esperaba despierta, cuando la saludo
me mira y me dice: “¿porque vienes llegando a esta hora?, estas no son horas
para que una señorita ande en la calle, menos un día domingo”. La miro, oigo,
proceso y pienso: ¿la dura es tan difícil ser mujer loco? Estoy empezando a
dudar seriamente que mi madre sea de esas personas a las que le llaman “machistas”.
Elba Lazo.
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