20 de abril de 2016

Sorpresas (-) en un trabajo de verano

En el verano trabajé de empaque en une de las tantes Preunic. Hablo de esto porque, me imagino, todes tienen las mismas lógicas de trabajo y un <tipo> prototipo de trabajadores, donde más de tres cuartos son mujeres, las cuales cumplen la función de atención y asesoramiento a clientes (que en su mayoría son “clientas”) sobre belleza, maquillaje, decoración de hogar, entre otros;  y los –pocos- hombres se ocupan de las labores de bodega.
Las mujeres trabajadoras eran –en su gran mayoría- muy preocupadas de su presentación (le cual engloba: vestimenta, maquillaje a tono, peinado, etc), tenían la idea arraigada del matrimonio (no sólo como fin económico, sino) como idea romántica de estar acompañadas –versus el mal llamado personaje de la “solterona”- y de formar familia. Todo esto me chocó un poco, ya que una está acostumbrada a conversar y compartir con mujeres y hombres más –y con esto no quiero decir <absolutamente>- conscientes de su posición, rol e historia –desigual- heredada. Bueno, fue sorpresa para mí conocer y constatar que ciertos tratos/formas aún perpetúan el sistema de género tradicional, pero más sorpresa fue el darme cuenta que el estar fuera de aquello también crea una separación y una burbuja.

Pasaron los días y comencé a establecer relaciones más próximas a mis compañeres, en donde –y con esto aumentó mi sorpresa- preguntaban el por qué yo no me “pintaba”, arreglaba, escuchaba otro tipo de música, etc. Fue ahí, que yo me comencé a sentir como una extraña, que no encajaba y que ya tampoco me interesaba encajar. Fue entre tanto, que una compañera me dijo: la “Cami” también llegó así, igual que tú, que no se quiere pintar, arreglar… y mírala ahora… pucha que se saca partido. A lo que yo respondí: que pena, que pena que pienses así… (y dije algo como) fíjate, date cuenta que todo lo que hablas y sueñas son puras tonteras que te dijeron, que te fueron transmitidas por todo el entorno donde te criaste –entorno que, por cierto, es profundamente desigual-. Para y mírate, cuestiona tu posición como mujer, no sólo como mujer en el trabajo (me hubiera gustado también haberle dicho “maternal”), sino que en tus actos cotidianos. Y Bueno, obviamente no le dije todo tan perfectillo como lo acabo de narrar, y también (i)lógicamente, ella no me pescó mucho y siguió viviendo su vida sin más. 
                                                                                                                                      Ana Lamien.

No hay comentarios:

Publicar un comentario