El año pasado, es decir el 2015, durante una tarde de invierno, yo me encontraba de visita en el hogar de mi pareja, se acercaba la noche así que tenía que volver a mi casa, por lo que mi pareja me acompaño hasta el paradero en el cuál tomo el bus que me deja cerca de mi casa.
Llegamos al paradero, y ella me acompañaría hasta que tomase
el bus, y mientras duraba el transcurso de la espera, un niño que había llegado
al paradero nos miraba con cara de incertidumbre a mí y a mi pareja.
De algún modo, me preguntaba si estaba así porque estábamos besándonos,
ya que se veía con una expresión de buscar algo que le hiciese comprender lo
que estaba viendo.
Este niño debió haber tenido más o menos 7 o 8 años, tenía
un aspecto como niño que va en tercero básico en el colegio. Tenía su pelo muy
corto, casi corte militar.
Con mi pareja entre la conversación nos despreocupamos de la
vigilancia en-busca-de-comprensión que tenía el niño en su mirada, cuando
abruptamente alzó su voz y pregunta en tono amable qué si yo era una mujer,
debido a que tanto mi pareja como yo tenemos el pelo largo.
Consternado por la pregunta, me preguntaba a mí mismo en
acto de entender, por qué el niño me preguntaba eso, nunca me había sentido más
“femenino” por tener el pelo largo, para mí, dejarme crecer el pelo simboliza
una especie de acto de “libertad”, a pesar de que tuve innumerables problemas
por el tema de mi pelo cuando estaba terminando mi enseñanza media.
Entonces, le respondí al niño con otra pregunta, le
cuestione el hecho de por qué él pensaba que yo era mujer. El niño me observaba
tímidamente, se puso una mano sobre el bolsillo y una sobre la boca, quizá con
la intensión de ocultarse un poco. Retraído y mirándome atentamente seguía sin
responderme, hasta que oyó la autoritaria voz de su quizá hermano mayor y se subió
al bus que estaban esperando.
En definitiva, el niño no me respondió y esto me dejo con
muchas reflexiones respecto al lugar que tiene la disciplina y el cuerpo, para
determinar ciertas construcciones de lo femenino y lo masculino, que a través del
acto del moldeamiento de los cuerpos, como era el caso del niño y su corte
militar, construyen su realidad con significados sin cuestionar, ya que, al
moldear su cuerpo, pasan a moldear parte de las concepciones del sí mismo que
tiene el niño, porque el cuerpo siempre estará relacionado con las concepciones
del sí mismo que tengamos.
En conclusión, el niño asimilaba su condición de niño-hombre
con la constitución de la estética de su cuerpo, en tanto, a que ser hombre
significa poseer y llevar cabello corto, y por el lado contrario, ser mujer
implicaba tener el cabello largo, lo que constituye un esencialismo en la
concepción de realidad del niño, lo que provoca que ejecute esta práctica
sexista.
- Érebos.
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