18 de mayo de 2016

Aprendiendo a conducir y a ser “hombre”.



Durante mis vacaciones, entre a la Escuela de Conductores “X”, la cual tenía el siguiente plan de acciones para sus alumnos, se daban pruebas no presenciales vía web, para poder acceder a las practicas en vehículo y las clases presenciales. Las pruebas se contestaban con un manual que la escuela te da para leer, y tenías un porcentaje de aciertos, si sacabas menos del porcentaje, reprobabas.

Terminando mis pruebas no presenciales, comencé mis prácticas dentro del vehículo, ingrese a las 8:30 de la mañana, ya que era la única posibilidad que terminará las clases prácticas antes del término de vacaciones, me asignaron un instructor, él cual tenía una personalidad muy peculiar, lo describiría como un sujeto que anhela su muerte sin querer provocarla él mismo, esperándola en el vacio de su rutina.

Dentro de las clases prácticas, mientras manejaba el vehículo, cada vez que iba en una especie de marcha lenta o me detenía, él se concentraba en mirar mujeres que iban pasando en la calle, haciendo gestos que eran bastante incómodos o diciendo cosas de su físico, que apelaban a la construcción de la mujer como objeto de deseo, desprendiéndola de cualquier característica real, idealizándola para que calzará con la satisfacción de sus pulsiones.

Cada vez que él miraba y hacia sus comentarios y gestos, me pedía de forma asertiva que mirará lo que él estaba viendo, yo no podía dejar de mirar lo que pasaba en el transito, pero me seguía insistiendo en mirar (no violentamente claro). De esta manera cuestionaba mi masculinidad, es decir, que si yo no miraba, no era un hombre, ya que, para él, solo los hombres podían manejar bien. 

Recuerdo como un día, me corrigió mi forma de sentarme al volante, diciéndome que así se sientan los “cabros chicos”, y que yo tenía que ser un adulto para poder manejar. Así, podemos ver como dentro de la percepción del instructor existe este vínculo entre ser niño/dependiente y mujer/dependiente, y ser “hombre” es la superación de este estado de “completa dependencia” o falta de capacidades. De esto se desprende, una concepción machista y de la “ilustración” que implica que ser “hombre” es dejar de ser pueril y dejar de lado todo rasgo de femineidad.

Al pasar los días, me sentía incomodo con sus métodos y actitudes de enseñanza, por lo que, decidí cambiar de instructor. Fui a la administración a hablar de mi asunto, me pidieron que viniera otro día, pero al otro día tenia clases otra vez, era un día más, así que de todos modos, asentí igual. 
 
Al día siguiente, el instructor cambio rotundamente, comenzó a enseñarme de manera comprensiva, pero seguía mirando mujeres en la calle, no obstante evitaba ser asertivo conmigo, no me exigía que las mirara con él,  prescindiendo de hacer sus comentarios y  gestos explícitos. Deduzco que la administración hablo con él, así que decidí seguir con él como instructor, ya que me quedaba muy poco para terminar mis clases.

-Érebos.

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