Era la mañana del día
sábado y estábamos listos para desayunar, mi hermana puso la mesa y todos nos
sentamos a comer. La televisión estaba encendida por lo que al principio nadie
hablaba, solo nos dedicábamos a ver una película antigua ambientada en los años
80´, hasta que mi mamá hizo un comentario acerca del vestuario que utilizaban en
esa época y como hoy se estaba volviendo a ocupar.
Luego empezamos a
opinar sobre cómo se vestían las personas hoy en día, mi hermana señalo que había
ropa para todos los gustos y nos reímos al recordar cuando utilizábamos
calcetines con dedos para el invierno. Mi papá nos comentó como se vestía
antiguamente, nos dijo que su vestuario para ir de fiesta consistía en una
chaqueta de cuero y unos jeans desgastados, con eso él decía que era la
sensación del lugar.
En general mis padres
se alegraban de la sociedad actual, decían que antiguamente todos utilizaban
casi lo mismo y ahora era distinto, opinaban que ahora la sociedad era mucho más
tolerante, por lo que se aceptan distintos estilos. Sin embargo, mi hermana no
estuvo de acuerdo con esto, ella comento que la semana pasada a uno de sus
compañeros del salón lo molestaron por llevar una camisa de color fucsia, dijo que
lo trataron de niñita y de maricón, mientras todos se reían. Nos dijo que incluso el chico que era molestado se rió, pero
cuando volvieron de almorzar, su compañero ya no tenía puesta la camisa de
color fucsia, lo que la sorprendió.
Mi hermana
reflexionando confesó que lamentaba haberse reído, ya que lo tomo como un juego
al igual que sus compañeros, pero se dio cuenta que no midió lo mal que podría
haberse sentido el chico en ese momento. Mis padres asintieron y admitieron que
muchas veces hacíamos daño sin querer, por no pensar antes de actuar y
empezamos a contar más anécdotas con respecto al tema.
Creo que en general ese
desayuno nos sirvió como familia, para darnos cuenta que la sociedad no es tan
tolerante como creemos y que aún se siguen propagando inconscientemente estos
patrones de género.
Mi hermana tiene 16
años, por lo que me sorprendió que a estas alturas, los jóvenes sigan
reproduciendo estas conductas discriminatorias, que solo generan patrones que
avalan y naturalizan la desigualdad de género en la sociedad. Este caso, demuestra que por no usar un color
determinado, un vestuario específico o incluso por actuar de una manera que no
encaja con nuestro supuesto rol de generó, somos juzgados por nuestros pares de
tal forma, que llegamos a poner en duda lo que somos y lo que queremos ser.
Octubre.
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