20 de mayo de 2016

El ser caballero y/o el ser dama

Tanto a mí como a mi hermano menor y hermana mayor, durante nuestra infancia nuestros padres nos criaron para que pudiéramos cumplir con uno de las características de los roles de género convencionales más conocidas, los de la caballerosidad y la femineidad, respectivamente, y respecto a ello, debo decir, que no lo hicieron nada mal, desde mi parecer, pues usualmente la gente siempre nos recalcaba tales aspectos de nuestro comportamiento. Sin embargo, en un momento especifico de la educación básica, junto a mi hermana fuimos testigos, en uno de los varios colegios a los que asistimos, que aquellas conductas no eran ejercidas por la mayoría de nuestros compañeros. Por lo cual, fuimos en más de una ocasión, victimas de mofa.

Honestamente, nunca podré saber por qué se debió ello, pero si tengo mis ideas al respecto. Primeramente, puede ser que tal vez me comportaba demasiado caballerosamente desde mi parte, y ella muy femenina-mente, al punto que irritábamos a los demás. También, puede ser que simplemente hubieran recibido una educación familiar muy distinta; por no decir peor, hipótesis que más creí en aquellos tiempos, o, tal vez no les gustaba la gente que fuese y actuara diferente a ellos.

A mi hermana siempre le inculcaron el ser sutil, pero sin por ello dejar de tener personalidad, y a mí a ser atento y respetuoso con las mujeres. Pero veía en mis compañeros, por dar un ejemplo no extremo, que si caminaban junto a una niña y la pasaban a llevar, ya sea intencionalmente o no, no les importaba y seguían su rumbo, y cuando me veían siendo preocupado hacia alguna de ellas, a veces, me tomaban para el “leseo” por ello, por decirlo de una manera más afable. Mientras que, en el caso de mi hermana, según lo que ella nos comentaba, unas compañeras concretas de ella la molestaban por sentarse siempre con las piernas cruzadas en clases o preocuparse de estar siempre ordenada.  

Aspectos que siempre encontré extraños, y que usualmente les comentaba a mis padres, “los niños en el colegio son algo mal educados”, solía decir. Después de todo nunca considere, y considero aún, que tengan algo malo, pues simplemente consistían en portarse bien y respetar al otro.Personalmente, sin querer decir que tales conductas “normativas” según genero son malas o buenas, a lo que quiero dirigirme es hacia la poca tolerancia y respeto que puede existir ante la manera en que los individuos hacen  uso de su propia conducta. Aunque alguien quiera o no actuar de forma femenina o caballerosa, no se debería hostigar al que lo haga. No creo que sea bueno el que se menosprecie tales características, cada quien actúa como considera pertinente.

Además ser femenina no es sinónimo de ser débil o sumisa, y a la vez, ser caballeroso no es un intento de querer quedar siempre bien o una conducta de viejo. E independientemente de que se reproduzca con ellos una separación conductual entre sexos, ambos se basan en lo mismo, el comportarse respetuosamente. No es nada grave y retrogrado a mi parecer, y si alguien lo considera así, le diría, “relájate, no se le está haciendo daño a nadie”.


Gatsby.

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