20 de mayo de 2016

La atención es cariño...

Mi abuela es una mujer muy tierna, cariñosa y por sobre todo es demasiado atenta, tiene arraigado a su forma de ser el agradar al otro a partir de atenciones. A esto me refiero: atenciones que en su mayoría están relacionadas con las comidas. De hecho, son tantas las  atenciones que prodiga, que suele dejar de hacer lo que estaba haciendo por atenderte, incluso puede estar tremendamente cansada, y aun así te atenderá con una sonrisa de amor máximo en su cara.
Por otro lado, cada vez que uno va a la casa de mis abuelos, lo primero que podemos notar es una manifestación de una clara diferenciación de género, a partir de la visibilización de roles de género convencionales, porque si bien a mi abuela le encanta el ser atenta, esto se ve superado en la forma en que se desvive por atender a mi abuelo.
Desde chica, cuando iba a la casa de mis abuelos –en el norte-  no me hacía tanto ruido esta situación -la "aceptaba"-, aunque si me molestaba mucho el que mi abuelo no hiciera nada por ayudar a mi abuela en momentos en que se veía llena de cosas, o si llegaba a ayudarla lo hacía de mala gana, enojado incluso. Sin embargo, ahora que estoy “más grande” me molesta muchísimo esta situación, inclusive logro percatarme que el solo hecho de atendernos es una situación sexista, en la cual termino siempre involucrándome, porque al ayudarla busco disminuir su carga de trabajo con mi cooperación.

El año pasado, durante el transcurso de mi visita al norte, con mis hermanos íbamos a ver a mis abuelos  -contentos porque, ya que por la distancia el poder verlos no es tan recurrente-. Al llegar a la casa de mis abuelos, nos percatamos que para variar mi abuela estaba en la cocina, preparando todo lo que ella sabía que nos gustaba, con el sólo propósito de “atendernos”. Pero una vez llegada la hora de tomar té, mi abuelo se puso ansioso y un poco molesto, diciéndole a mi abuela que: “ya era demasiado tarde y todavía no tomábamos té”. Mi abuela ante eso responde, que: “estaba con nosotros, que no nos veía nunca, que no fuera pesado”. Sin embargo, yo sabía que mi abuelo seguiría diciéndole a mi abuela que ya era tarde y que había que tomar té y en algún momento habría disgusto de parte de ambos.  Fue en ese momento en que le dije: “Ya abuela, yo te ayudo, pongo la mesa y así tomamos té al tiro, no tenemos para qué enojarnos”. 
Covajo

No hay comentarios:

Publicar un comentario