20 de mayo de 2016

Justificando el machismo con machismo

Un par de semanas atrás salí con un par de amigos a un bar para conversar y distraernos un rato. Éramos tres hombres, todos de la misma edad. Comimos un poco y luego vinieron las cervezas, por lo que a medida que pasaba el tiempo la conversación se iba haciendo más y más sincera. Entre la conversación y las bromas salió el tema de los piropos, casi todos irreproducibles a través de este medio y que también podría llegar a ser un tema interesante a tocar. A pesar de las bromas se estableció el tema del acoso sexual y como el tema de los piropos ahora era un tema que podía llegar a ser mucho más delicado en la actualidad. Un amigo, con una visión tajante sobre el asunto, planteaba que no era culpa del hombre lo de los piropos o las miradas en la calle, sino que era culpa de la mujer. Piropear no es machista porque es la mujer la que lo busca. Bajo su punto de vista, al hombre no le quedaba otra opción más que mirar, decir o hacer algo. Según él, un hombre va a mirar a una mujer aunque esté con su polola al lado. Si anda en la calle y ve venir a una mujer con un peto y una minifalda, es obligación mirar, porque habría que ser prácticamente estúpido para no hacerlo. Y no es una cosa de mirar o no, porque eso es lo básico, porque una mujer vestida de manera provocativa anda en busca que la miren y quizás algo más. Lo que es bastante extremo y violento. Es prácticamente  una justificación para  actuar de una manera violenta y agresiva por parte del hombre. Que una mujer ande vestida de alguna manera puede llegar a justificar que el hombre la ataque. Es una explicación bastante psicopática. De hecho nos burlamos de él en base a eso, que había sido un argumento que podría haber salido de la boca de un violador, y lo que es peor, debe ser una idea que todavía se encuentra arraigada en la conciencia colectiva masculina. 


Yesler

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