20 de mayo de 2016

Octubres

De vuelta a los diecisiete. Una sucesión de acontecimientos remecía mi adolescencia. De un momento a otro me vi de vuelta desde el colegio mixto a un colegio para mujeres.
Pues bien, todo marchaba de forma normal, conocí a mis nuevas compañeras y al pasar cierto tiempo a una en particular: Escorpio, ella era la niña más hermosa que yo había visto. Exacto, me comenzó a gustar. Así que de a poco nos fuimos acercando y por supuesto conociendo, cosa que me fascinaba y me hacía tener cada vez sentimientos más fuertes hacia ella.
Paralelamente, estaba Libra, él era un ex compañero de colegio, que me buscó cuando supo que yo me había cambiado a otro. A veces nos veíamos junto a una amiga que teníamos en común, e intentaba conocerme. Más tarde supe que Libra hace tiempo seguía mis pasos, ya que yo le gustaba desde el colegio, pero nunca se atrevió a hablarme. Me parecía un chiquillo agradable.
Pasaba el tiempo y los sentimientos inevitablemente fueron aumentando: los míos hacia Escorpio, y los de Libra hacia mí. Todo era agradable junto a Escorpio, pero con Libra, se tornaba absolutamente incómodo, ya que yo sólo lo veía como un amigo. Un día, finalmente ocurrió, ahí estaba yo, oyendo atentamente a este chico, quién con evidente nerviosismo se me declaraba formalmente. ¡Rayos!, no podía ni iba a hacer otra cosa más que decirle la verdad. En fin, luego de su discurso (bonito, por cierto), le expliqué que lo sentía mucho, pero no podía corresponder sus sentimientos, ya que desde hacía tiempo estaba profundamente enamorada de Escorpio, y que teníamos algo muy bonito que no estaba dispuesta a perder, al contrario, iba a hacer todo para estar con ella. Me la iba a jugar, pero no por él, sino, por una mujer, igual que yo.
Libra estaba evidentemente sorprendido y enojado, pero por sobre todo, lo noté herido (claro, lo estaba rechazando, rompí su corazón), lo cual, supongo, le llevó a decir palabras como que nunca podría ser feliz con otra mujer, o que una “niña linda” como yo tenía que estar con un chico como él y un sinfín de cosas que me mostraban su desconcierto ante el hecho de que yo lo rechazara por alguien de mí mismo sexo. Para culminar el encuentro, me dijo: “Bueno, al menos me lo dijiste en la cara, como un “caballero” ¡Maldición! Qué absurdo, ¿resultaba que porque me gustaba una mujer me convertí en un hombre? No es necesario ser del sexo masculino para ser honesto y decir las cosas como corresponden. Tales dichos, me hicieron darme cuenta de que, en el fondo, había lastimado su orgullo, su hombría, dado que Libra tenía muy inculcado los roles de género, en el sentido de que las parejas deben ser siempre “hombre y mujer”. Él no podía entender que una niña quisiera estar con otra, ni mucho menos que yo “prefiriera” a Escorpio en vez de a él, que era supuestamente como debía ser.

Tinta Roja

No hay comentarios:

Publicar un comentario