De vuelta a
los diecisiete. Una sucesión de acontecimientos remecía mi adolescencia. De un
momento a otro me vi de vuelta desde el colegio mixto a un colegio para
mujeres.
Pues bien,
todo marchaba de forma normal, conocí a mis nuevas compañeras y al pasar cierto
tiempo a una en particular: Escorpio, ella era la niña más hermosa que yo había
visto. Exacto, me comenzó a gustar. Así que de a poco nos fuimos acercando y
por supuesto conociendo, cosa que me fascinaba y me hacía tener cada vez
sentimientos más fuertes hacia ella.
Paralelamente,
estaba Libra, él era un ex compañero de colegio, que me buscó cuando supo que
yo me había cambiado a otro. A veces nos veíamos junto a una amiga que teníamos
en común, e intentaba conocerme. Más tarde supe que Libra hace tiempo seguía
mis pasos, ya que yo le gustaba desde el colegio, pero nunca se atrevió a
hablarme. Me parecía un chiquillo agradable.
Pasaba el
tiempo y los sentimientos inevitablemente fueron aumentando: los míos hacia
Escorpio, y los de Libra hacia mí. Todo era agradable junto a Escorpio, pero
con Libra, se tornaba absolutamente incómodo, ya que yo sólo lo veía como un
amigo. Un día, finalmente ocurrió, ahí estaba yo, oyendo atentamente a este
chico, quién con evidente nerviosismo se me declaraba formalmente. ¡Rayos!, no
podía ni iba a hacer otra cosa más que decirle la verdad. En fin, luego de su
discurso (bonito, por cierto), le expliqué que lo sentía mucho, pero no podía
corresponder sus sentimientos, ya que desde hacía tiempo estaba profundamente
enamorada de Escorpio, y que teníamos algo muy bonito que no estaba dispuesta a
perder, al contrario, iba a hacer todo para estar con ella. Me la iba a jugar,
pero no por él, sino, por una mujer, igual que yo.
Libra estaba
evidentemente sorprendido y enojado, pero por sobre todo, lo noté herido
(claro, lo estaba rechazando, rompí su corazón), lo cual, supongo, le llevó a
decir palabras como que nunca podría ser feliz con otra mujer, o que una “niña
linda” como yo tenía que estar con un chico como él y un sinfín de cosas que me
mostraban su desconcierto ante el hecho de que yo lo rechazara por alguien de
mí mismo sexo. Para culminar el encuentro, me dijo: “Bueno, al menos me lo
dijiste en la cara, como un “caballero” ¡Maldición! Qué absurdo, ¿resultaba que
porque me gustaba una mujer me convertí en un hombre? No es necesario ser del
sexo masculino para ser honesto y decir las cosas como corresponden. Tales dichos,
me hicieron darme cuenta de que, en el fondo, había lastimado su orgullo, su
hombría, dado que Libra tenía muy inculcado los roles de género, en el sentido
de que las parejas deben ser siempre “hombre y mujer”. Él no podía entender que
una niña quisiera estar con otra, ni mucho menos que yo “prefiriera” a Escorpio
en vez de a él, que era supuestamente como debía ser.
Tinta Roja
No hay comentarios:
Publicar un comentario