16 de junio de 2016

Desnaturalización del individu@

Somos miembros de una sociedad, una sociedad la cual posee prácticas culturales y sociales que nosotros mismos reproducimos mediante los diferentes mecanismos de acción existentes y que, muchas veces sin saber qué es lo que estamos reproduciendo exactamente, y esto se debe principalmente a la naturalización inconsciente de dichas prácticas y a la desnaturalización de las y los individuos que forman parte de esta sociedad, desnaturalización que coarta el libre accionar tanto físico como psicológico.  
La reproducción del sexismo mediante los mecanismos cotidianos de acción, poseen una particularidad en cada cultura, pero es en la familia en donde se da el primer acercamiento a la sociedad en la denominada “socialización primaria” en la cual el niño aprende a diferenciarse según su sexo y a distinguir lo masculino de lo femenino y viceversa, reproduciendo así mismo el sexismo.
La clasificación o categorización de una persona en base a su sexo y/o género, es un tipo de estratificación social que se ha adherido a nuestra cultura en diversos ámbitos como la educación, la religión, la lengua, la sexualidad, vida laboral, vida familiar, desde tiempos antiquísimos y que, personalmente me significó un esfuerzo desnaturalizar producto de una vida entera en la cual para mí era normal e inherente a la mujer por ejemplo; la sensibilidad, los colores para hombres y los colores para las mujeres, que las mujeres que se “vinculan sexualmente” a muchos hombres son “maracas” y que en los hombres aunque no justificado es más entendible por su “naturaleza”, claro que el masculino de “maraca” es “maraco” y este no es un hombre mujeriego sino que todo lo contrario, que las mujeres manejamos peor, que los hombres deben aportar el sueldo mayor, las féminas deben mantener ordenada y limpia su casa y no porque el hombre no lo pueda ni deba hacer sino que, porque éstos no saben hacerlo y lo hacen pésimo.
En mis blogs anteriores me he centrado en un tema en particular, que a mí como niña, adolescente y mujer han dejado notables huellas en mi trayectoria personal como los son  “Los roles de género en la familia” que han estado presentes y muy marcados, sobretodo en mi familia paterna que es notablemente “conservadora”. A modo de contextualizar; en la casa de mis abuelos paternos las mujeres cocinan, lavan la loza, lavan la ropa, cuidan a los niños y hacen los quehaceres del hogar a pesar de ser profesionales y trabajar todo el día mientras los hombres se recuestan en el sillón a ver los partidos y a preparar el asado. A pesar de todo esto estos hombres no exigen que estos quehaceres domésticos sean así sino que simplemente se dejan llevar por “el orden natural de las cosas”, orden en el cual las mujeres de mi familia son altamente responsables ya que, acostumbran a sus esposos y reproducen tal orden patriarcal, aunque curiosamente no percibo que estén criando a hombres machistas, siento que con sus maridos se sienten resentidas por permitir situaciones machistas y tener que trabajar doblemente (casa y trabajo) pero que, no quieren formar a hijos así y que tal cambio de pensamiento se produce por medio de cambios que la misma sociedad está produciendo en la concientización sobre lo grave que es el machismo y va más allá en condenarlo y aceptar la equidad de género.
Partí este blog escribiendo acerca de la naturalización y desnaturalización de los individuos, y que a pesar de la concientización social anteriormente señalada, aún hay prácticas que son permitidas al considerarse naturales a cada género o sexo pero, que también hay acciones del ser humano que han sido desnaturalizadas o coartadas como lo es que los hombres puedan bailar por ejemplo ballet, utilizar colores históricamente asociados a las féminas como el rosado  o el simple hecho de expresar su dolor o angustia llorando sin necesidad de que por esto sean tildados de homosexuales y, volviendo a la familia, para mí, el núcleo de estas distinciones de género y/o sexo se encuentran principalmente arraigadas en el núcleo familiar, constantemente buscamos la aprobación de nuestros pares pero, la aprobación de la familia para muchos es fundamental y una sociedad machista crea hombres y mujeres machistas, una familia machista legitima aún más a esta sociedad machista y en mí, mi familia machista ejerce un poder psicológico muy alto, es decir, al estudiar sociología entre mis mismos pares el machismo es casi inexistente y el hecho de serlo es visto como algo negativo, en cambio, en mi familia no serlo en ciertas prácticas como servir comida a los hombres es cotidianamente aceptado y poco cuestionable y , lamentablemente soy una persona que prefiere no entrar en conflicto  por tanto. no entro en polémica y procedo a actuar tal como las mujeres de mi familia lo hacen en ese contexto y ámbito familiar.

 -Olimpia de Gouges



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