Desnaturalización del individu@
Somos miembros de una sociedad, una sociedad la cual posee
prácticas culturales y sociales que nosotros mismos reproducimos mediante los
diferentes mecanismos de acción existentes y que, muchas veces sin saber qué es
lo que estamos reproduciendo exactamente, y esto se debe principalmente a la
naturalización inconsciente de dichas prácticas y a la desnaturalización de las
y los individuos que forman parte de esta sociedad, desnaturalización que
coarta el libre accionar tanto físico como psicológico.
La reproducción del sexismo mediante los mecanismos
cotidianos de acción, poseen una particularidad en cada cultura, pero es en la
familia en donde se da el primer acercamiento a la sociedad en la denominada “socialización
primaria” en la cual el niño aprende a diferenciarse según su sexo y a
distinguir lo masculino de lo femenino y viceversa, reproduciendo así mismo el
sexismo.
La clasificación o categorización de una persona en base a
su sexo y/o género, es un tipo de estratificación social que se ha adherido a
nuestra cultura en diversos ámbitos como la educación, la religión, la lengua,
la sexualidad, vida laboral, vida familiar, desde tiempos antiquísimos y que,
personalmente me significó un esfuerzo desnaturalizar producto de una vida
entera en la cual para mí era normal e inherente a la mujer por ejemplo; la
sensibilidad, los colores para hombres y los colores para las mujeres, que las
mujeres que se “vinculan sexualmente” a muchos hombres son “maracas” y que en
los hombres aunque no justificado es más entendible por su “naturaleza”, claro
que el masculino de “maraca” es “maraco” y este no es un hombre mujeriego sino
que todo lo contrario, que las mujeres manejamos peor, que los hombres deben
aportar el sueldo mayor, las féminas deben mantener ordenada y limpia su casa y
no porque el hombre no lo pueda ni deba hacer sino que, porque éstos no saben
hacerlo y lo hacen pésimo.
En mis blogs anteriores me he centrado en un tema en
particular, que a mí como niña, adolescente y mujer han dejado notables huellas
en mi trayectoria personal como los son “Los roles de género en la familia” que han
estado presentes y muy marcados, sobretodo en mi familia paterna que es
notablemente “conservadora”. A modo de contextualizar; en la casa de mis
abuelos paternos las mujeres cocinan, lavan la loza, lavan la ropa, cuidan a
los niños y hacen los quehaceres del hogar a pesar de ser profesionales y
trabajar todo el día mientras los hombres se recuestan en el sillón a ver los
partidos y a preparar el asado. A pesar de todo esto estos hombres no exigen
que estos quehaceres domésticos sean así sino que simplemente se dejan llevar
por “el orden natural de las cosas”, orden
en el cual las mujeres de mi familia son altamente responsables ya que,
acostumbran a sus esposos y reproducen tal orden patriarcal, aunque
curiosamente no percibo que estén criando a hombres machistas, siento que con
sus maridos se sienten resentidas por permitir situaciones machistas y tener
que trabajar doblemente (casa y trabajo) pero que, no quieren formar a hijos así
y que tal cambio de pensamiento se produce por medio de cambios que la misma
sociedad está produciendo en la concientización sobre lo grave que es el
machismo y va más allá en condenarlo y aceptar la equidad de género.
Partí este blog escribiendo acerca de la naturalización y desnaturalización
de los individuos, y que a pesar de la concientización social anteriormente señalada,
aún hay prácticas que son permitidas al considerarse naturales a cada género o
sexo pero, que también hay acciones del ser humano que han sido
desnaturalizadas o coartadas como lo es que los hombres puedan bailar por
ejemplo ballet, utilizar colores históricamente asociados a las féminas como el
rosado o el simple hecho de expresar su
dolor o angustia llorando sin necesidad de que por esto sean tildados de
homosexuales y, volviendo a la familia, para mí, el núcleo de estas
distinciones de género y/o sexo se encuentran principalmente arraigadas en el núcleo
familiar, constantemente buscamos la aprobación de nuestros pares pero, la aprobación
de la familia para muchos es fundamental y una sociedad machista crea hombres y
mujeres machistas, una familia machista legitima aún más a esta sociedad
machista y en mí, mi familia machista ejerce un poder psicológico muy alto, es
decir, al estudiar sociología entre mis mismos pares el machismo es casi inexistente
y el hecho de serlo es visto como algo negativo, en cambio, en mi familia no
serlo en ciertas prácticas como servir comida a los hombres es cotidianamente aceptado y poco cuestionable y ,
lamentablemente soy una persona que prefiere no entrar en conflicto por tanto. no entro en polémica y procedo a actuar tal como las mujeres de mi familia lo hacen en ese contexto y ámbito familiar.
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