16 de junio de 2016

La lucha deconstructiva: lenguaje y cultura como reproductor de la desigualdad de género.

Releyendo mis blogs pasados, se puede identificar una serie de problemas que es posible resumir en dos grandes áreas, la socialización y el efecto práctico del lenguaje en la construcción de la estética (en el sentido filosófico que demanda la palabra). La socialización en términos generales debe entenderse, según mi perspectiva, como el proceso continuo por el cual un sujeto adopta la cultura (discursos, prácticas, rasgos culturales, formas de vida, concepciones de mundo, etc.) de su entorno contemporáneo, que permiten que el sujeto pueda desenvolverse en la sociedad.

El efecto práctico del lenguaje está muy de la mano con el proceso de socialización. El lenguaje como estructura inconsciente que se distribuye y se práctica en forma de lengua mediante el proceso de socialización tiene un carácter racional-conductual del aprendizaje.  Los conceptos que son parte de la lengua, son aprendidos mediante su función dentro del juego lingüístico, pero la explicación del uso conceptual conlleva una serie de presupuestos culturales que median la estructura de la ideología (en el sentido de concepción de mundo) que se transmite a través de la socialización y tienen efectos prácticos en tanto que se traducen en actitudes y discursos, sobre las relaciones con el entorno y con otros seres humanos. Estos presupuestos son parte de la historia y la configuración normativa de los sistemas de poder que ejercen las distintas instituciones.

Podemos evidenciar esto, si ejemplifico desde los dos de los tres blogs previamente escritos. Cuando enuncio, en el caso del primer blog, a la “tía del jardín” y a mis padres, como agentes socializadores, ellos me traspasan normas de conducta que conllevan concepciones de cómo son los hombres y las mujeres. Y sí, a mi me criaron, diciéndome que yo soy hombre, por tal y tal razón, en la infancia es imposible cuestionar esto, porque es el recurso inmediato que uno tiene, entonces no es posible hacer distancias de estas ideas. Así, modelan mi identidad y con ello mi conducta. Ante ello mi reacción fue golpear a mi compañero, sentirme incoherente respecto a los retos de la tía y sentirme incomodo cuando ella pide que bese a mi compañero.

Desde el segundo blog, se puede evidenciar con la incertidumbre expresada por el niño al ver que sus categorías de género e identidad eran cuestionadas, al no poder entrar yo dentro de sus categorías. Y no solo eso, es decir que las categorías de género e identidad que tenía el niño se reflejaban también en cómo se vestía y como tenía su corte de pelo, y en la forma de comunicarse de su adulto a cargo (ya sea hermano o tío o padre), es decir, la categoría fundante de género que existía en el entorno inmediato de ese niño es más que una simple idea, es discurso, acción y cuerpo.

Desde aquí quiero enunciar los mecanismos por los cuales opera la desigualdad de género desde las áreas antes mencionadas. La socialización si bien está a cargo en gran medida de nuestros primeros modelos más próximos (familia), también, se ve mediada por las diversas instituciones, las normas jurídicas y las normas culturales, la historia y el espacio físico. La cultura juega un papel esencial en el momento de transmitir estas categorías, que se funden en discursos, prácticas y mecanismos, mediando una interinfluencia entre los sujetos y sus instituciones. Des este modo, la cultura, aunque no determinante, es uno de los a priori sociales, que median las concepciones de mundo, se reflejan en los cuerpos, construyen ó imponen identidades y entidades.

Este curso me ha servido harto en un ejercicio hermenéutico y fenomenológico para sacar de lo que damos por sentado aquellos presupuestos que enseñamos sin intención a las personas, ya que son reflejos de la reproducción inconsciente de nuestra cultura. Esta inescapable condición, tiene que ver con las características previamente descritas del lenguaje, lo que no quiere decir que en algún momento no podamos dar cuenta de estas categorías, de rastrear esos conceptos no solamente en lo subjetivo (cuerpo e identidad) y lo cotidiano (que es donde más invisibles están), sino, también en la política, en las leyes, en nuestra constitución, en todas las normas generada por las instituciones. 

Esto se puede ver por ejemplo en el diseño de las políticas públicas y los efectos sobre la población objetivo, no solo es otorgar el “beneficio”, es construir identidades, es construir concepciones del mundo, que finalmente terminan imponiendo identidades de género por sobre otras, distribuyendo beneficios a sujetos específicos, excluyendo a otros, y acrecentando, en este caso, las desigualdades de género. 
- Érebos.

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