17 de junio de 2016

el Tio Luigi

   Me encontraba  en vacaciones de invierno  el año pasado, cuando decidí visitar  a   un tío   que vive en Talca.   Me costó bastante llegar a su casa pues él vive  en una zona más rural que urbana, prácticamente a la salida de la ciudad. Me bajé del coleto un tanto perdido hasta que vi a Luigi (ese es el apodo de mi tío por ser alto, flaco y de  pelo ondulado), me dirigí hacia donde estaba él   y lo abrazo con fuerzas ya   que nos veíamos hace mucho tiempo.  Esa noche  tomamos una cervezas  y comimos  una parrillada con mi tío y primo, apenas Luigi  toma se vuelve un tanto prendido,  parece ser de familia puesto que lo estaba apañando a todas… hasta que se le ocurrió la idea de “irse de putas”,  al principio  fingí estar a favor, sabiendo que no  tenía más plata en ese momento. Me sentía súper incómodo, pues nunca había ido, me sentía un tanto reticente ante la invitación. Incomodo en el auto  decidí decirle a mi tío y al lucho (mí primo)  que no quería ir, si querían los apañaba  esperándolos, pero que nica iba a entrar.  Tiempo transcurrido, sale mi tío de esta casa roja ubicada en pleno centro, camina hacia el auto, yo me encontraba adormilado por el efecto del copete. Luigi se sube al auto y pregunta por Luis.
Luigi: ¿Dónde está luchito?
TyA: no sé  tío, yo estaba raja durmiendo (me restriego la cara).
Luigi: mira nomáh, hijo e´ tigre, toavía no  uelve.
 Unos 10 minutos después  sale mi primo, un tanto feliz. Se sienta en las butacas de atrás de la camioneta.
Luigi: weeena campión´, te fue bien parece, lo veo en tu cara.
 Luis: sipo, jajajaja vamos por ma´ chela O no?
Luigi: vamos po campión, apañai o te dejo en la casa TyT (yo).
TyA: vamos por unas frías po.
 Seguimos andando en camioneta a la “boti” unas cuadras más allá de la casa roja, llegamos   y nos bajamos los tres y cuando apenas cruzábamos el umbral de la puerta de la botillería,  mi primo empieza a hablar de lo bien que la paso y  mi tío “avivandole la cueca” diciendo cosas como: “está bien que hagas eso”, “el hombre debe estar más experimentado que la mujer”, etc.  Cosas que en verdad preferí no pescar mucho e ignorarlas. Pero, la última frase de mi tío me llamó mucho la atención porque luego me dijo que su papá lo “inicio” así, en una casa de remolienda, como le dicen.  Si bien  Luigi no es mi Tío sanguíneamente,  me contaba que quería compartir una tradición que tienen los hombres del campo, que según él todos debíamos pasarla para ser hombres como tal.  Nunca le dije realmente que consideraba cerdo lo que hacía, tanto en un plano de matrimonio o relación seria de parejas, porque estaba siendo infiel, como también perpetuar, a palabras suyas, tradiciones campesinas que no hacen más que  ver a la mujer como un bien transable, un objeto, supeditándolas a un hombre; también me hizo ruido la percepción o imaginario que tiene de “un hombre”  mi tío, puesto que  el ser más “experimentado” que la mujer  es lo correcto según él. Qué pedante  y  triste debe ser pensar en  que como hombre debemos ser el que lleva la batuta  en el ámbito sexual, minimizando  u omitiendo a la mujer como compañera  en este plano.
 Ese dominio por el otro que se refleja en los roles y prácticas de cada género y que en el mundo rural se siente con más fuerza.  Nunca le dije a mí tía que su marido, mi tío Luigi y su hijo eran unos asquerosos, que lo único que hacen es menoscabar a la mujer a un bien transable y  también, por otra parte, lo que nos afecta a nosotros, los hombres, porque  el machismo en el que nos encontramos inmersos nos hace pensar que el ser hombre conlleva a cierta “experiencia” sexual superior a la mujer (u otra característica que se le asocia al hombre machistamente).
 Después de ese día, en la mañana siguiente  nos sentamos un poco encañado  en la mesa mi tío y yo. Lo miré distinto, el Luigi como lo recordaba había muerto  y no podía olvidar mi última noche de farra con él. Si bien conocía a mi tío desde los 15 años, lo sentía muy cercano. Por otra parte, miraba a mí tía  y  sentía mucha pena por ella, quien no era valorada ni respetada por su pareja y que con el pasar de mi  estancia supe que era casi común por acá (mundo rural), que la mujer debía agachar el moño como dicen y no hacer ataos…


                                                                                                                    Teutates y Albiorix

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