Luigi:
¿Dónde está luchito?
TyA:
no sé tío, yo estaba raja durmiendo (me
restriego la cara).
Luigi:
mira nomáh, hijo e´ tigre, toavía no
uelve.
Unos 10 minutos después sale mi primo, un tanto feliz. Se sienta en las
butacas de atrás de la camioneta.
Luigi:
weeena campión´, te fue bien parece, lo veo en tu cara.
Luis: sipo, jajajaja vamos por ma´ chela O no?
Luigi:
vamos po campión, apañai o te dejo en la casa TyT (yo).
TyA:
vamos por unas frías po.
Seguimos andando en camioneta a la “boti” unas
cuadras más allá de la casa roja, llegamos
y nos bajamos los tres y cuando apenas cruzábamos el umbral de la puerta
de la botillería, mi primo empieza a
hablar de lo bien que la paso y mi tío
“avivandole la cueca” diciendo cosas como: “está bien que hagas eso”, “el
hombre debe estar más experimentado que la mujer”, etc. Cosas que en verdad preferí no pescar mucho e
ignorarlas. Pero, la última frase de mi tío me llamó mucho la atención porque
luego me dijo que su papá lo “inicio” así, en una casa de remolienda, como le
dicen. Si bien Luigi no es mi Tío sanguíneamente, me contaba que quería compartir una tradición
que tienen los hombres del campo, que según él todos debíamos pasarla para ser
hombres como tal. Nunca le dije
realmente que consideraba cerdo lo que hacía, tanto en un plano de matrimonio o
relación seria de parejas, porque estaba siendo infiel, como también perpetuar,
a palabras suyas, tradiciones campesinas que no hacen más que ver a la mujer como un bien transable, un
objeto, supeditándolas a un hombre; también me hizo ruido la percepción o
imaginario que tiene de “un hombre” mi
tío, puesto que el ser más
“experimentado” que la mujer es lo
correcto según él. Qué pedante y triste debe ser pensar en que como hombre debemos ser el que lleva la
batuta en el ámbito sexual, minimizando u omitiendo a la mujer como compañera en este plano.
Ese dominio por el otro que se refleja en los
roles y prácticas de cada género y que en el mundo rural se siente con más
fuerza. Nunca le dije a mí tía que su
marido, mi tío Luigi y su hijo eran unos asquerosos, que lo único que hacen es menoscabar
a la mujer a un bien transable y también,
por otra parte, lo que nos afecta a nosotros, los hombres, porque el machismo en el que nos encontramos inmersos
nos hace pensar que el ser hombre conlleva a cierta “experiencia” sexual
superior a la mujer (u otra característica que se le asocia al hombre machistamente).
Después de ese día, en la mañana
siguiente nos sentamos un poco encañado en la mesa mi tío y yo. Lo miré distinto, el
Luigi como lo recordaba había muerto y
no podía olvidar mi última noche de farra con él. Si bien conocía a mi tío
desde los 15 años, lo sentía muy cercano. Por otra parte, miraba a mí tía y sentía mucha pena por ella, quien no era
valorada ni respetada por su pareja y que con el pasar de mi estancia supe que era casi común por acá
(mundo rural), que la mujer debía agachar el moño como dicen y no hacer ataos…
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