Este
verano, en enero, estaba en búsqueda de un trabajo part-time como garzona en
algún restaurant o cafetería, etc. Fue cuando vi un aviso por Facebook en donde
solicitaban personas part-time en el Restaurant Mamut, en Los Andes (ciudad
donde vivo). Envié curriculum al e-mail que señalaban y al día siguiente me
llamaron para asistir a una entrevista de trabajo. Cuando llegué, me atendió el
administrador del local, me preguntó cosas puntuales como mi experiencia en el
área, edad, estudios, etc., y me citó a una segunda entrevista, esta vez con la
encargada de recursos humanos. Al día siguiente, cuando llegué
nuevamente al local, estaba la encargada de contratar a las personas. Ella me
realizó varias preguntas y una super puntual: ¿tú tienes hijos?- a lo que
respondí- Sí, tengo un hijo. Ella me pregunta: ¿qué edad tiene?- yo respondí-
tiene 6 años. Hubo un silencio sumamente incómodo y ella con una cara como
lamentándose me dice: “Sabes que aquí no contratamos mujeres jóvenes con hijos
porque siempre tienen dramas con los niños, nunca tienen quién los cuide,
siempre llegan tarde, no cumplen bien las tareas, etc”. Yo respondí que cómo
podía ser posible que me dijeran eso en ese momento, me habían hecho perder
tiempo yendo a entrevistas, debieron pedir requisitos antes de que cualquier
persona postule y así le evitan malos ratos y comentarios despectivos. Me
respondió que así era la política del local y no había nada más que hacer. Me
retiré indignada y lamentándome cómo podía ser posible que aún exista
discriminación hacia la mujer solo por el hecho de tener un hijo. Se nos niega
la oportunidad de trabajar y, esos prejuicios no son necesariamente ciertos.
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