Una amiga que estudia en la UDP, aunque no sociología, me contaba lo difícil que se le hacía estudiar. La razón era que tenía demasiadas cosas que hacer que no le dejaban tiempo para poder tomarse un tiempo prudente para estudiar. Le pregunté cuales eran esas actividades que tenía que hacer y que no le dejaban tiempo. Ella me contó que tenía demasiados deberes en el hogar. Me contaba que tenía que cuidar a su hermano menor y hacer el aseo de su casa, cocinar y otras actividades relacionadas con el hogar. Lo trágico de esto es que estas actividades son realizadas exclusivamente por ella y su madre. Sus dos hermanos mayores y su padre estaban exentos de estos trabajos, dado que son considerados en su familia como quehaceres femeninos. Me contaba que había increpado a su familia por este tema, pero que la respuesta fue burlarse de su situación. Su madre era quien más recalcaba que estos eran deberes de la mujer.
Además me narraba un sinfín de prácticas machistas, como que sus hermanos mayores tenían más libertades que ella en todo ámbito. A ellos se les celebra ser desordenados y “dejados” en el hogar, mientras que en ella eso era mal mirado. Por desgracia cuando me contaba esto, tuve que reconocer que en mi hogar algunas de estas prácticas también son comunes.
Desde luego que mi amiga ha estado mal anímicamente dado que no puede responder con sus obligaciones académicas dado esta situación de violencia en la que se encuentra.
Es difícil dimensionar a veces la violencia que conlleva el asignar roles a cada género. Pero es difícil sobre todo porque son situaciones invisibles dado que están muy naturalizadas, y cuando nos abren los ojos tendemos a minimizar la situación. ¿Por qué mi amiga debe pasar horas todos los días realizando actividades que no quiere hacer? Lo justo es que en un hogar con cinco adultos se repartieran los deberes del hogar de manera equitativa. Sin embargo, se asigna a la mujer la obligación de realizar estas actividades.
Los hombres en este caso – y en muchos otros- están violentando abiertamente a las mujeres y no hay toma de conciencia. Según me contaba mi amiga, siempre fueron criados muy machistas en esa familia, desde la más temprana edad.
Urge visibilizar la violencia de género, al igual como se ha hecho con el racismo o el clasismo. Este tipo de prácticas se reproducen porque siguen siendo invisibles para la mayoría de las personas, y cuando se visibiliza se tiende a considerarlo un tema menor, algo no grave.
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