9 de abril de 2015

Dominio de Deseos Carnales


Era un fin de semana cotidiano, lo mas común para esta causa y a semejantes alturas radicaba en sentir esas inmensas ganas de salir a bailar y embriagarme. Como es usual un día viernes, inicie el recorrido nocturno recurriendo a una buena previa, las cual una vez iniciada y tras tragos y tragos fue cambiando los sentidos perceptivos de los presentes, convirtiendo la racionalidad humana en carnalidad animalista. De esta manera la cordialidad cambio, nuestros saludos y formas de interacción estaban cubiertas por el velo del deseo, dejando nuestros instintos desnudos al improvisto, haciendo mas factible la expresión de lo inmoral a ojos del sobrio y limpio.

El grupo era mixto, éramos alrededor de 20 personas compartiendo este rito, escalando cada vez mas en el tono de lo expresado gracias al licor y ritmo vivenciado. En un instante, las mujeres perdieron su grado de señoritas frente a los ojos de los tradicionalistas; ya no eran presas de la espera por un hombre, sino que su libertad las guío en vías de esa satisfacción primaria y sexista, pasando a dominar de esta manera el deseo del que el hombre se pensaba dueño y amo, provocando excitación ante el rompimiento de lo cotidiano.

Mujeres chilenas que dejaron entrar el liberalismo y modernismo contemporáneos para convertirse en jugadoras con sus individualidades. Mujeres con conciencia sobre la consecución propia de sus deseos mas ocultos y pervertidos, fue la premisa que asombró a hombres bañados bajo la falacia del encamamiento, aquella que presupone que no son presas sino cazadores observantes de lo femenino, capaces de influenciar bajo sus propios juicios las actitudes que esperan recibir para su propio beneficio.

Fue un instante, quizás unos minutos de introspección, dentro de los cuales sentí que mi mano era acariciada en forma tierna sin aviso. Volteé mi mirada hacia la derecha para encontrarme con la sorpresa de mis ansias, aquella virilidad que me invadía y agitaba al ver esos ojos azules llenos de deseo, fue solo casualidad de encontrar aquello que buscaba desde que me adentre en la noche, una mujer con personalidad que encuentre admiración en lo banalista, para así abandonar el sentimentalismo que divide al amor del sexo; solo dos entes satisfaciendo un deseo.

Estaba asombrado por su belleza e iniciativa, la verdad no esperaba abandonar mi rol de perseguidor en busca de compañía. Silenciado por sus encantos, solo pude transmitir un hola cariñoso y adentrado en dudas. Su respuesta me calmo en el instante, pues solo respondió carnalizando sus deseos, sin mas que un “hola” y “eres lindo”, pues no faltaban mas palabras para expresar lo que aquietaban sus instintos.

Lo normal radica en el habito y la costumbre, dando a comprender que cualquier acto ajeno a esos pretextos queda suelto a un juicio anti naturalista, teñido de criterios tradicionales que escapan de la lógica de lo carnal y vitalista. En mi caso, lo anormal no hizo mas que maravillarme, acrecentó mi amor por el genero femenino en un sentido de equidad y paridad en sus deseos de actuar en similitud con el hombre, pues si la equidad y aceptación se fundan en términos materiales, ¿que queda para la sexualidad y las infinitas posibilidades en que le hemos estado negando articularse? ¿nos reproducimos de la manera que lo ordena la cultura y el genero? O ¿somos meros entes desprovistos de tabúes y barreras satisfaciendo instintos? Cualquiera sea la respuesta a estas interrogantes, lo primordial es perder el miedo en lo ajeno, pues la mayoría de las veces nos asombra para abandonar su condición de extrañeza, convirtiéndose en una realidad común y conciliadora; la nueva realidad que se acrecienta en el aquí y ahora.

No hay comentarios:

Publicar un comentario