En el 2012, cuando cursaba 4° medio en el Liceo Nacional De Maipú, yo
jugaba un campeonato de fútbol inter
escolar con el resto de los colegios de la comuna. Éste campeonato comenzó en
agosto de ese mismo año y que culminaría definiendo al campeón el viernes 30 de
noviembre. En nuestro equipo teníamos grandes jugadores, todos jugaban en la
liga de Maipú, por lo que ya nos conocíamos bastante bien, y a medida que fue
transcurriendo el tiempo, nos complementamos como equipo y en resumidas cuentas
después de una larga campaña, logramos poner a nuestra institución (Liceo
Nacional) como finalista del campeonato inter escolar de la comuna. Recuerdo
que esa final fue un día bastante
nublado, el partido estaba programado para las 10:30 de la mañana, por lo que a
las 9:30 emprendimos rumbo al estadio.
Al llegar allá, reconocimos la
cancha, nos equipamos, el profesor nombró la formación titular y enfilamos
camino a la cancha por el túnel del estadio Santiago Bueras De Maipú. Todo
listo, todo dispuesto, el árbitro toca el pitazo inicial y comienza el partido,
recuerdo que fue un partido muy reñido, muy peleado, se disputaba cada pelota
intensamente, por lo cual, el marcador no se movía, las cosas estaban cero a
cero y así fueron corriendo los minutos hasta que terminó el primer tiempo y
nos fuimos al descanso.
En el segundo tiempo, nos logramos
poner en ventaja con un zapatazo de media distancia de uno de los delanteros de
nuestro equipo y pusimos así en desequilibrio el marcador, sin embargo, a poco
tiempo de haber hecho el primer gol, el equipo rival nos empata con un cabezazo
certero en el área, nada que hacer para el arquero. Finalmente, a 10 minutos
del epílogo, mi equipo logró anotar el segundo gol, con el cual nos coronábamos
como campeones de la categoría. Y cuando el partido expiraba, yo salto a
despejar una pelota mediante golpe de cabeza y un compañero mío también quiso
despejar la pelota, pero mediante una jugada conocida como una “chilenita”, por
lo cual, llegué yo primero a despejar la pelota y tras la descoordinación que
tuvimos, mi compañero me termina por conectar la “chilena” en pleno rostro, un
golpe durísimo que cuando iba descendiendo del salto imaginé inmediatamente que
era grave y caí al piso. En ese preciso instante se acercan dos jugadores del
equipo rival y comienzan a decirme una serie de insultos e improperios, claro,
ellos pensaron que yo estaba haciendo tiempo para que avanzara el reloj y
terminara luego el partido, pero entre esos insultos me dijeron: “párate %$#&
esto es pa’ hombres no pa’ mujeres”, “soy niñita, anda jugar con Barbie cagón
de mierda”. Yo en ese minuto producto del golpe me quedé tendido en el piso
boca abajo, por lo cual, ni ellos ni nadie veía mi rostro, pero yo al darme
vuelta, me di cuenta que estaba sangrando de la nariz, la cual finalmente me la
quebré en tres partes, a tan sólo tres días antes de la PSU.
Y ahora analizando y
reflexionando esa situación, considero que los jugadores que me dijeron tales
insultos, fueron demasiado sexistas y duros en el sentido de que por el hecho
de ser “hombre” prácticamente no puedo o no tengo el derecho a sentir dolor y
atribuyen inmediatamente el hecho de que haya quedado tirado producto del
golpe, en que soy una “mujer”, soy una “niña”, y soy débil. Entonces, a veces es
importante cuestionarse esa visión tan rígida de que el hombre tiene que ser de
una determinada manera y la mujer de otra manera muy opuesta. De hecho para
ellos(los que me insultaron) no existe la posibilidad dentro de sus mentes que
un hombre, pueda experimentar la sensación de dolor, de emoción, de llorar, etc.
Sin embargo, creo que tanto hombres como mujeres funcionamos en base a
estímulos afectivos y en ese sentido, los hombres no somos “un mueble” lo cual,
no es más que un simple objeto, sino que somos de carne y hueso como cualquier
otro ser humano que vive, que siente, que respira y que puede expresar
libremente sus sentimientos de la forma como a él le parezca.
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