9 de abril de 2015

Rompiendo Esquemas II

La historia a narrar se presentará en el mismo contexto que la del blog 1. Esto sucedió en el ambiente de mi trabajo, el cual –como expliqué en el blog anterior- consiste en ser encargado del área de bandejeros de una empresa que tiene la concesión de alimentos de 4 recintos: Movistar Arena, Estadio Santa Laura, Estadio Monumental y Estadio San Carlos. El área de bandejeros está constituida por un grupo de alrededor de 30 personas (hoy en su mayoría hombres) que salen a vender entre el público de los diferentes eventos, productos como bebidas, alimentos, juguetes etc. Los bandejeros tienen un orden y una jerarquía entre ellos de acuerdo a los productos que venden (en términos de cuál de ellos deja mayor comisión por venta). De esta manera, quien lidera a los bandejeros vende siempre papas fritas, que es el producto que más se vende y que mejor comisión deja. Hay otros que tienen fijo la venta de bebidas, otros dos que tienen las cabritas, otros que salen con hamburguesas y así sucesivamente con todos los productos. Entonces es posible hacer un análisis de la jerarquía social de este grupo ocupando como indicador el producto que venden.
 La historia que quiero narrar ocurre en este contexto. Hace un año aproximadamente, entraron a “bandejear” (jerga que se utilizada para este rubro) a esta estructura laboral rígida y muy poca abierta al cambio, algunas mujeres, casi todas hijas, esposas o sobrinas de los propios bandejeros. Durante el período de adaptación de estas mujeres se dieron un sin número de situaciones que podrían ser catalogadas de sexistas, sin embargo recuerdo una que me llamó particularmente la atención. Los bandejeros hombres solían llegar tarde al trabajo, pues sabían que tenían un producto asegurado para salir a vender, las mujeres por el contrario, tratando de adaptarse a este sistema tenían que luchar para poder salir con algún producto. Con el tiempo, las mujeres mostraron un grado de responsabilidad mucho mayor que el de los hombres, llegaban más temprano, vendían más, tenían mejor trato con el público etc. De esta manera, se empezó a dar un conflicto entre géneros frente al cual el líder de los bandejeros, Don Luis (machista por excelencia) no pudo hacer vista gorda. Llegaron a un acuerdo el cual consistía en que si una mujer llegaba primero que algún hombre que tuviera un producto asegurado, sería ella quien vendería ese producto durante ese evento. De ahí en adelante todo empezó a funcionar con mayor armonía, se acabó el conflicto pues los hombres, presionados por el trato, empezaron a llegar a la hora y las mujeres siguieron en una situación de desventaja pero esta vez sin derecho a reclamo por un trato desventajoso que ellas mismas hicieron.

Para un evento, recuerdo que llegó tarde  el “cabritero” establecido (bandejero que vende cabritas). Antes que él llegó la Tía “Keka”, hermana de Don Luis, quién hizo valer el derecho que le daba el trato y se adjudicó el lugar de las cabritas que faltaba. Un rato más tarde llegó Don Pedro, compadre de Don Luis y dueño del puesto de cabritas que la Tía Keka se había adjudicado. Cuando vio a la mujer vendiendo su producto en medio del púbico se enfureció, fue directamente hacia mí a decirme que yo tenía que ir a quitarle la bandeja de cabritas a la Tía porque él llevaba más de 40 años trabajando acá y que las mujeres nunca han trabajado. Tras mi negativa a su petición, se fue corriendo donde su líder  Don Luis, quien inmediatamente fue a hablar conmigo a decirme que en este rubro nunca han trabajado las mujeres, que ellas solo pueden venir cuando haga falta gente y que de venir tienen que respetar la jerarquía preexistente dominada por los hombres. Mi sorpresa fue enorme, pues Don Luis no solo no estaba respetando a su hermana, si no que estaba desconociendo el trato ocupando como base para ello argumentos totalmente sexistas que ponían a la mujer en un nivel totalmente subordinado a los dictámenes de los hombres. Aquella vez no di mi brazo a torcer, me gané el odio de Don Pedro quien se sintió humillado por perder con una mujer, pero había un trato de por medio y se tenía que cumplir.

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