La historia a narrar se
presentará en el mismo contexto que la del blog 1. Esto sucedió en el ambiente
de mi trabajo, el cual –como expliqué en el blog anterior- consiste en ser
encargado del área de bandejeros de una empresa que tiene la concesión de alimentos
de 4 recintos: Movistar Arena, Estadio Santa Laura, Estadio Monumental y
Estadio San Carlos. El área de bandejeros está constituida por un grupo de
alrededor de 30 personas (hoy en su mayoría hombres) que salen a vender entre
el público de los diferentes eventos, productos como bebidas, alimentos,
juguetes etc. Los bandejeros tienen un orden y una jerarquía entre ellos de
acuerdo a los productos que venden (en términos de cuál de ellos deja mayor
comisión por venta). De esta manera, quien lidera a los bandejeros vende
siempre papas fritas, que es el producto que más se vende y que mejor comisión
deja. Hay otros que tienen fijo la venta de bebidas, otros dos que tienen las
cabritas, otros que salen con hamburguesas y así sucesivamente con todos los productos.
Entonces es posible hacer un análisis de la jerarquía social de este grupo
ocupando como indicador el producto que venden.
La historia que quiero narrar ocurre en este
contexto. Hace un año aproximadamente, entraron a “bandejear” (jerga que se
utilizada para este rubro) a esta estructura laboral rígida y muy poca abierta
al cambio, algunas mujeres, casi todas hijas, esposas o sobrinas de los propios
bandejeros. Durante el período de adaptación de estas mujeres se dieron un sin número
de situaciones que podrían ser catalogadas de sexistas, sin embargo recuerdo
una que me llamó particularmente la atención. Los bandejeros hombres solían
llegar tarde al trabajo, pues sabían que tenían un producto asegurado para
salir a vender, las mujeres por el contrario, tratando de adaptarse a este
sistema tenían que luchar para poder salir con algún producto. Con el tiempo,
las mujeres mostraron un grado de responsabilidad mucho mayor que el de los
hombres, llegaban más temprano, vendían más, tenían mejor trato con el público
etc. De esta manera, se empezó a dar un conflicto entre géneros frente al cual
el líder de los bandejeros, Don Luis (machista por excelencia) no pudo hacer
vista gorda. Llegaron a un acuerdo el cual consistía en que si una mujer
llegaba primero que algún hombre que tuviera un producto asegurado, sería ella
quien vendería ese producto durante ese evento. De ahí en adelante todo empezó
a funcionar con mayor armonía, se acabó el conflicto pues los hombres,
presionados por el trato, empezaron a llegar a la hora y las mujeres siguieron
en una situación de desventaja pero esta vez sin derecho a reclamo por un trato
desventajoso que ellas mismas hicieron.
Para un evento, recuerdo que llegó
tarde el “cabritero” establecido
(bandejero que vende cabritas). Antes que él llegó la Tía “Keka”, hermana de
Don Luis, quién hizo valer el derecho que le daba el trato y se adjudicó el
lugar de las cabritas que faltaba. Un rato más tarde llegó Don Pedro, compadre
de Don Luis y dueño del puesto de cabritas que la Tía Keka se había adjudicado.
Cuando vio a la mujer vendiendo su producto en medio del púbico se enfureció,
fue directamente hacia mí a decirme que yo tenía que ir a quitarle la bandeja
de cabritas a la Tía porque él llevaba más de 40 años trabajando acá y que las
mujeres nunca han trabajado. Tras mi negativa a su petición, se fue corriendo
donde su líder Don Luis, quien
inmediatamente fue a hablar conmigo a decirme que en este rubro nunca han
trabajado las mujeres, que ellas solo pueden venir cuando haga falta gente y
que de venir tienen que respetar la jerarquía preexistente dominada por los
hombres. Mi sorpresa fue enorme, pues Don Luis no solo no estaba respetando a
su hermana, si no que estaba desconociendo el trato ocupando como base para
ello argumentos totalmente sexistas que ponían a la mujer en un nivel
totalmente subordinado a los dictámenes de los hombres. Aquella vez no di mi
brazo a torcer, me gané el odio de Don Pedro quien se sintió humillado por
perder con una mujer, pero había un trato de por medio y se tenía que cumplir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario