9 de abril de 2015

Imponiendo dos mundos a los pequeños

El día once de julio del año dos mil trece, nació mi hija que hoy en día está a punto de cumplir un año y nueve meses. En un comienzo no tome en cuenta la carga moral, normativa y valorativa que tenía implícitamente el género de mi hija, pero mi entorno familiar, las amistades y conocidos se encargaron de recordarme lo problemático de la situación. Desde el minuto en que supe que sería padre, comencé a reflexionar sobre qué valores y enseñanzas quería que mi hija conociera e internalizara, y de la forma menos coactiva posible. Sin embargo, a pesar de mis convicciones personales, no podía hacer oídos sordos al hecho de que su entorno en el futuro también influiría en su percepción de vida, su opinión con respecto a diversas temáticas de interés común, y que sin ir más lejos, hoy en el presente, el entorno en el que crecerá en sus primeros años, es decir, la familia de la madre, mi familia y nuestros cercanos será su primera fase de socialización de valores y normas. Esto se vio reflejado desde incluso antes de nacer, donde comencé a tener debates con mis padres y la madre de mi hija por cuestiones tan banales como la ropa con que sacaríamos a mi hija del hospital o la que ocuparía dentro de este, desde que inicia la conversación comienzan  a haber comentarios como “el celeste es color de hombre, el rosado es de mujer y el amarillo es neutro”, “hay que ponerle aros porque es mujer”, cuestiones que sinceramente me parecen ridículas. Con el pasar del tiempo esto se sigue viendo reflejado aún en vestimentas que le regalan nuestros cercanos, siempre hay flores, bordados, arcoíris, mariposas, color rosado, morado, etc. Entonces yo me pregunto, ¿de dónde salió todo esto? ¿a quién se le ocurrió  estos estándares?,  provocando finalmente dos mundos distintos, contrapuestos, anexos y dicotómicos, el de los niños hombres y niñas mujeres desde pequeños, antes de cualquier capacidad de percepción y reflexión, es decir, estamos uniformando a los niños. He visto reflejado esto también en los juguetes que le llegan a mi hija -cuestión que me violenta profundamente-, como las barbies que para mí es un mal, debido a que reproduce márgenes de belleza totalmente irreales e impuestos por un sistema comercial, le han regalado bebes, ¿Qué quiere decir eso?, que por el hecho de ser mujer ¿es preciso que tenga desde bebe un instinto maternal que el hombre no? Otro comentario que he recibido sorprendentemente de una gran cantidad de personas, es que por el hecho de que mi hija sea mujer, como padre sufriré cuando esta llegue a su adolescencia debido a que hay posibilidades de que tenga muchos pololos, o que salga mucho etc. Cuestión que también me parece ridícula,  es decir por el hecho de ser mujer ¿debo prohibir, vigilar o controlar más a mi hija por ser mujer y no hombre?, es cierto y lamentable que para las mujeres es necesario andar con más cuidado por la vía pública, ya que son blancos de distintos tipos de abusos puesto que estamos en un país completamente machista, pero una cosa en inculcar que debe tener cuidado y ser precavida, y otra cosa es tener una especie de terror y prohibir que ella sea como quiera con sus acciones. Quiero decir con todo esto que somos un país  sexista, aunque no nos demos cuenta, y desde pequeños las instituciones y nuestro entorno nos va condicionando y socializando bajo dos esferas, la del género femenino y el masculino, con sus respectivas prácticas y diferenciaciones, lo que crea una especie de desunión, dos paradigmas distintos que no se comunican  como muchas veces creemos.

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