28 de abril de 2015

Miradas que violentan

"Miradas que violentan"
El día sábado pasado parecía ser un "día redondito", había un sol bastante agradable, los días soleados me revitalizan, sentir los rayos de sol en mi cara proporcionándome calor mientras que corre viento fresco, realmente me sube el ánimo y me hace pensar que nada malo podría pasar en un día así -aunque para mi mala suerte el día tuvo un término no deseado- ; además ese día tenía un partido de Ultimate Frisbee complicadísimo el cual ganamos, con dificultades, pero el marcador final estuvo a nuestro favor; otro motivo para sentir que todo iba se maravillas fue que luego del partido, con mi equipo nos fuimos a celebrar el triunfo. ¿Quién no se siente feliz, haciendo lo que quiere?, pues bueno yo hasta aproximadamente las 20:00 del sábado me había sentido ¡muy feliz!.
Nos encontrábamos con mi equipo en la azotea del edificio de uno de mis compañeros, ya había anochecido así que decidí emprender el retorno a mi hogar. Ese día me había vestido con un short, una polera y zapatillas así que uno de mis compañeros amablemente me prestó su poleron el que obviamente me quedó un poco grande, pero lo que menos me importaba era cómo me veía, sólo tenía que tomar una micro para llegar a mi casa y finalmente descansar.
Me despedí, un amigo se ofreció a llevarme pero preferí tomar una micro, ya que después de un par de cervezas y botellas de vino, conducir no era una opción muy razonable para mi amigo. Precisamente fue en el trayecto de retorno a mi hogar donde ocurrió el episodio que arruinó mi día hasta entonces perfecto.
Alrededor de las 20:00 horas, me subí a una micro de "acercamiento", no había mucha gente en ella, pero los pocos asientos que tenía la micro iban ocupados. Así que me fui de pie, a esas alturas del día me encontraba cansada, con sueño y sólo imaginaba lo agradable que sería llegar a mi hogar y acostarme, de hecho eso iba pensando. Hasta que percibí que un hombre de aproximadamente 50 años quien estaba frente mío a una distancia de unos 20 metros, me estaba mirando degeneradamente. Lo miré fijamente, intentando expresar "me repugnas, deja de mirarme cómo si fuera un trozo de carne, ¡podría ser tu hija!", pero parece que la expresión de mi rostro no intimidó en lo absoluto a aquel hombre, pues no vaciló un segundo en dejar de mirarme.
Intentando aparentar que él no me importaba, esquivaba su mirada, no quería tener contacto visual con él, realmente me sentía violentada. Pero no todo quedó en sus asquerosas miradas. Al sentir que no me quitaba los ojos de encima, a veces, por inercia lo miraba yo también, por segundos, momentos brevísimos, y en uno de esos breves momentos me hace un gesto obsceno y me dice gesticulando - como hablando en mute, es decir, moviendo los labios, pero sin emitir sonido- "estay muy rica". Yo en ese preciso momento me quedé pasmada, sinceramente nunca había tenido un encuentro tan directo de acoso, más allá del acoso callejero o situaciones similares. Siempre había pensado que si algún momento me ocurría algún tipo de violencia o acoso sexual le diría unas cuantas verdades al tipo en cuestión o pediría ayuda o gritaría o lo dejaría en vergüenza, ¡no sé! pensaba que tendría cualquier tipo de reacción, menos quedarme en blanco, como me ocurrió el sábado.
Existe en el imaginario colectivo ver a las mujeres cómo objetos, sin dimensionar la violencia que comporta este fenómeno, para muchas personas las mujeres se definen por sus cuerpos, de ahí la necesidad de intervenir quirúrgicamente los cuerpos, con implantes de senos, quitándose costillas, poniéndose botox, etc. en lugar de por lo que realmente son. Y las prácticas cotidianas de sexismo como la que me ocurrió a mí, ocurren a diario y muchas veces - lamentablemente- no sólo son miradas que violentan o palabras groseras.

Por otro lado creo que, implícitamente se nos está diciendo a diario lo que debemos representar en tanto mujeres, en la televisión, en la publicidad, en las calles, se nos categoriza por el tipo de vestimenta que utilizamos y el modo en que llevamos nuestra imagen, ¡algo tan íntimo!. Y algunos hombres por otro lado, pareciera que se sienten en pleno derecho de traspasar nuestras voluntades y ejercer violencia y dominación con cada uno de sus comportamientos. 

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