En la tarde del pasado fin de
semana mi hermana me pidió que la acompañara a comprar un regalo de cumpleaños
de una amiga que tenemos en común, hace tiempo que no nos veíamos así que
acepte. Una vez en el mall de Peñalolen, ella me contaba que estaba decidida sobre
que comprar para regalar, buscaba una billetera para una joven que fuera más o
menos sobria, con un bolsillo para las monedas y compartimiento para unas 4
tarjetas. Pensé que no nos demoraríamos mucho tiempo puesto que ella estaba
decidida en que regalar y pareciera que muchas tiendas tienen lo que ella
busca. Sin embargo la hora pasaba y no encontrábamos lo que ella buscaba. Después
de muchas vueltas y de encontrar el regalo, llego la hora de once. Me contó que
su pololo, con el cual convive, había invitado a un viejo amigo de él a pasar
la tarde en su casa, así que me invito a tomar once con su pololo, su amigo y
el hermano de su pololo a su casa. Fuimos a su casa donde ellos ya habían puesto
la mesa y nos sentamos a comer.
Durante la once su pololo y su
amigo contaban historias y anécdotas de cuando ellos eran niños y se juntaban a
jugar, tocar guitarra y por sobre todo comer. Cuando comenzaron a contar sus anécdotas
sobre la gran cantidad de comida que consumían, el amigo le dice: “que lata que
ahora no puedo comer lo que comía antes, si comiese ahora como lo hacía antes
pasaría enfermo. Todo lo que comes te enferma. Si comes mucha carne te da gota,
si comes mucha azúcar te da diabetes, si comes mucha sal te da hipertensión”. Si
bien estaba en parte de acuerdo con lo que decía, le dije: “Pero igual puedes
regularlo con ejercicio”, a lo que me contesto: “y ahora ¿Quién hace deporte? Si
no tení tiempo, sales a las 7 am de la casa, trabajas hasta las 8 pm, llegas a
tu casa a las 9pm y lo único que quieres es hacer nada, quieres vivir como
Homero (de los Simpson)”. Le conteste: “entonces bájate una estación antes y camina hasta la pega, o usa la bici o ándate
trotando a la pega, así haces ejercicio y comes lo que quieras”. Frente a esto,
él dijo: “cuando era más joven (adolecente) andaba en rollers (patines), andaba
pa´ todos lados con los patines”. En eso
que terminaba su comentario, el pololo de mi hermana le dice:”uuuiii… ella la
que andaba en patines” comentando en tono de broma. El hermano agrego: “jajaja
andaba pa´ todos lados con una bandeja y ofreciendo bebidas… le faltaba el
vestido nomás”. El pololo de mi hermana agrega:”jajaja ella la camarera del
rockabilly”. En ese momento, me atrevería a decir que todos los de la mesa hicieron
una imagen mental de la situación y comenzamos a reír.
Después de algunas risas, mi hermana dice: “que
son pesados, un hombre también puede andar en patines. Son unisex”. El amigo
del pololo, después de escuchar el comentario de mi hermana le dice: “Mira en
los hombres las cosas que son unisex, si las hacen más mujeres y, eso lo hace
un hombre es de marica. Para los hombres si usas eso unisex eres weco…
afeminado… Para los hombres, los hombres solo hacen cosas de hombres, o es
blanco o es negro. Es como la gimnasia da lo mismo como lo mire el hombre
siempre lo va encontrar weca… gay”. Si bien en el contexto en que dijo el
ultimo comentario saco risas por todos los que estábamos involucrados, su
observación hace reír a costa de una etiqueta
sexista. En la situación descrita anteriormente, al amigo del pololo de mi
hermana se le tildaba de afeminado por usar patines que perfectamente podrían
solucionar su problema de querer comer mucho sin preocuparse. Sin embargo, las películas
y la televisión han socializado la época
de 1950 con la única figura de una mujer que vende bebidas en patines, y bajo
esto es que hicieron de patinar una práctica propia de mujeres que en la
actualidad es usado para marcar de segunda categoría un deporte sin tener ningún
fundamento defendible al respecto.
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