28 de abril de 2015

Rockabilly

En la tarde del pasado fin de semana mi hermana me pidió que la acompañara a comprar un regalo de cumpleaños de una amiga que tenemos en común, hace tiempo que no nos veíamos así que acepte. Una vez en el mall de Peñalolen, ella me contaba que estaba decidida sobre que comprar para regalar, buscaba una billetera para una joven que fuera más o menos sobria, con un bolsillo para las monedas y compartimiento para unas 4 tarjetas. Pensé que no nos demoraríamos mucho tiempo puesto que ella estaba decidida en que regalar y pareciera que muchas tiendas tienen lo que ella busca. Sin embargo la hora pasaba y no encontrábamos lo que ella buscaba. Después de muchas vueltas y de encontrar el regalo, llego la hora de once. Me contó que su pololo, con el cual convive, había invitado a un viejo amigo de él a pasar la tarde en su casa, así que me invito a tomar once con su pololo, su amigo y el hermano de su pololo a su casa. Fuimos a su casa donde ellos ya habían puesto la mesa y nos sentamos a comer.
Durante la once su pololo y su amigo contaban historias y anécdotas de cuando ellos eran niños y se juntaban a jugar, tocar guitarra y por sobre todo comer. Cuando comenzaron a contar sus anécdotas sobre la gran cantidad de comida que consumían, el amigo le dice: “que lata que ahora no puedo comer lo que comía antes, si comiese ahora como lo hacía antes pasaría enfermo. Todo lo que comes te enferma. Si comes mucha carne te da gota, si comes mucha azúcar te da diabetes, si comes mucha sal te da hipertensión”. Si bien estaba en parte de acuerdo con lo que decía, le dije: “Pero igual puedes regularlo con ejercicio”, a lo que me contesto: “y ahora ¿Quién hace deporte? Si no tení tiempo, sales a las 7 am de la casa, trabajas hasta las 8 pm, llegas a tu casa a las 9pm y lo único que quieres es hacer nada, quieres vivir como Homero (de los Simpson)”. Le conteste: “entonces bájate una estación  antes y camina hasta la pega, o usa la bici o ándate trotando a la pega, así haces ejercicio y comes lo que quieras”. Frente a esto, él dijo: “cuando era más joven (adolecente) andaba en rollers (patines), andaba pa´ todos lados con los patines”.  En eso que terminaba su comentario, el pololo de mi hermana le dice:”uuuiii… ella la que andaba en patines” comentando en tono de broma. El hermano agrego: “jajaja andaba pa´ todos lados con una bandeja y ofreciendo bebidas… le faltaba el vestido nomás”. El pololo de mi hermana agrega:”jajaja ella la camarera del rockabilly”. En ese momento, me atrevería a decir que todos los de la mesa hicieron una imagen mental de la situación y comenzamos a  reír.
Después de algunas risas, mi hermana dice: “que son pesados, un hombre también puede andar en patines. Son unisex”. El amigo del pololo, después de escuchar el comentario de mi hermana le dice: “Mira en los hombres las cosas que son unisex, si las hacen más mujeres y, eso lo hace un hombre es de marica. Para los hombres si usas eso unisex eres weco… afeminado… Para los hombres, los hombres solo hacen cosas de hombres, o es blanco o es negro. Es como la gimnasia da lo mismo como lo mire el hombre siempre lo va encontrar weca… gay”. Si bien en el contexto en que dijo el ultimo comentario saco risas por todos los que estábamos involucrados, su observación hace reír  a costa de una etiqueta sexista. En la situación descrita anteriormente, al amigo del pololo de mi hermana se le tildaba de afeminado por usar patines que perfectamente podrían solucionar su problema de querer comer mucho sin preocuparse. Sin embargo, las películas y la televisión han socializado  la época de 1950 con la única figura de una mujer que vende bebidas en patines, y bajo esto es que hicieron de patinar una práctica propia de mujeres que en la actualidad es usado para marcar de segunda categoría un deporte sin tener ningún fundamento defendible al respecto.

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