Hace unos días me junté con unos amigos a pasar el rato. Los dueños de casa son padres de una niña de seis años y un niño de ocho. Al pasar el tiempo pude observar varias prácticas que me parecieron sexistas. Una de ella fue ver el trato a cada hijo. Al niño se le decía “campeón”, mientras que a la niña se le decía “princesa”, para empezar. Eso me pareció muy inapropiado y se los comenté, a lo que me respondieron que era exagerado, que siempre había sido así, que no tenía nada de malo. Luego niñas y niños comenzaron a jugar en el patio, mientras los mayores veíamos un partido. Al poco rato una niña llegó llorando. Los padres – otra pareja- la retaron y le dijeron que era su culpa por estar jugando juegos de hombres. Que las niñas no debían participar de esos juegos porque los hombres son más “brutos”.
Eso me hizo pensar. No creo que a esa edad –eran todos niños menores de 10 años- exista una diferencia sustantiva en el tipo de comportamiento de cada sexo. Al pasar los años probablemente si existe una diferencia en el comportamiento (supuestamente hombres más rudos y mujeres más delicadas), pero esto se debe a un condicionamiento de la propia cultura, como el que estaba presenciando en ese momento. En cristiano: es inverosímil creer que el sexo viene asociado naturalmente a un comportamiento determinado. Al rato volví a comentar que era absurdo separar por sexos para jugar. De nuevo me dijeron que era exagerado, que “así siempre ha sido el mundo”.
Es tremendo el condicionamiento que recibimos en nuestra socialización temprana, desde nuestras familias hasta lo que recibimos por los medios masivos de comunicación. Las mismas películas infantiles refuerzan esta diferenciación de los sexos. También es interesante ver cómo estas prácticas están naturalizadas y es difícil criticarlas. Cualquier crítica que uno haga es juzgada como exagerado o, incluso, intolerante. Uno puede criticar libremente otras prácticas naturalizadas dentro de la sociedad, como el clasismo por ejemplo. Pero cuando se trata de género es siempre algo exagerado y motivo de burla en muchos casos. Este condicionamiento que comienza desde muy temprano en nuestras vidas va coartando nuestra libertad. Restringe nuestra personalidad a determinadas pautas preestablecidas y así tenemos que moldearnos a lo “normal” para no sufrir una sanción de la sociedad.
Cuando le decían “princesa” a la niña y “campeón” al niño, estaban condenándolos a reproducir ciertos roles dentro de la sociedad. En donde el niño, como es obvio, corría con ventaja. Es esto manifiestamente injusto. En las sociedades democráticas modernas se condena cualquier tipo de privilegio que se adscrito y no adquirido. El hijo de mis amigos corría con ventaja. Pero no hay mérito en ello. Es el resultado de una cultura que reproduce los privilegios de un grupo por el mero hecho de nacer hombres.
Finalmente considero que es importante tratar estas temáticas con personas que son más legos en esta materia y denunciar aquello que aparece como neutro, pero que son formas de dominación.
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