9 de abril de 2015

Sexismo en la familia

El domingo pasado, con mi familia nos juntamos a almorzar, y como es de costumbre, las tareas del hogar nos las dividimos entre los 5 miembros de ésta (4 mujeres y un hombre). A la hora de lavar los platos, al que le correspondía era a mi papá (generalmente él elige hacer esta tarea). El almuerzo transcurrió sin ningún inconveniente, nos paramos de la mesa cada uno con rumbos diferentes: mis hermanas y yo salimos, mi mamá se fue a su pieza y mi  papá le correspondería ir a buscar a la tía “kathy” (que vive en Paine), por ende postergo lavar los platos.

Ya a la hora de once, nos encontramos nuevamente como ritual en la mesa del comedor para compartir con los invitados  –  la tía kathy siempre tan radiante y conservadora, por otro lado, el tío pablo (su esposo) un hombre muy simpático pero un eterno machista. Ambos componen un matrimonio de varios años, donde el siempre ha sido el sustento del hogar y ella la ama de casa, que se encargo principalmente en la crianza de sus hijos-. En eso, sin querer la tía kathy entro a la cocina para meter al refrigerador la torta que traía -como mi padre no había lavado los platos, se entiende la acumulación de platos y mugre en la cocina-, hasta que se da cuenta del desorden que había en nuestra cocina y exclama:

-“¡uy! ¡Cómo es posible tanto desorden! Voy a echar una manito aquí… a ver a ver, Natalia ayúdame a despejar el lavaplatos para comenzar a lavar”
-“¡Noo! ¡¡Tía noo!! Eso le corresponde a mi papa, el lava los platos los domingos”
-“¿¿Cómo?? ¡Estás loca! Ese es un trabajo de mujeres, hay cuatro mujeres en esta casa ¡Tienen que tratarlo como rey!- agrego en un tono muy serio-“.

En eso entra mi padre a la cocina y se percata de lo sucedido y se dirige a su hermana:
-“¡ kathy, deja eso ahí! Me toca a mi lavar… acá nos dividimos las tareas, yo lo deje así porque te fui a buscar, pero lo hago en un dos por tres. Si quieres tu lavas los platos de la once”.

La tía kathy, muy desconcertada comenzó a ayudar a mi papa.

Luego al sentarnos a la mesa, me propuse observar la relación de mis tíos, si bien siempre han sido parte de mi familia y nos reunimos constantemente, nunca me había detenido a observar sus prácticas. Una de las primeras cosas que me doy cuenta dice así:

-“¿Pablo con que quieres tu pan?”
-“Con mantequilla y palta, pero recuerda ponerle muy poca mantequilla”
-“Ya”
-“¿Vas a querer té o café?”
-“Cafecito nomas”.

Al escuchar esa conversación, me llamo mucho la atención que mi tío Pablo no fuera capaz de hacerse el pan. No sé si es flojera por parte de él o una forma de atenderlo y demostrarle cariño por parte de mi tía. Luego, me puse a pensar en las actitudes que adopta mi tía, si bien ella pertenece a una familia muy conservadora y entregada a su familia, no la juzgo, ya que comprendo que sus acciones son reflejo de su crianza, lo cual me hace comprender que sus comentarios y acciones no eran de mala fe, sino que solo ella no podía creer lo que estaba sucediendo en mi casa; que como éramos tan poco atentas mis hermanas y yo de no lavar los platos; y a su vez que mi papa, el hombre de la casa, se encargara de tal situación.

A modo de reflexión, me pongo a pensar como, en la mayoría de las mujeres (y también hombres), aun queda la impresión de que hay tareas para hombres y tareas para mujeres, es decir, lo hombres fuera de la casa y las mujeres nos encargamos de los quehaceres del hogar. Si bien esto de apoco va cambiando, en mi casa por ejemplo, aun sigue quedando gente que estigmatiza estas acciones y las sigue reproduciendo, y lo único a que contribuye esto, es a que se siga generando desigualdad entre géneros.

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