9 de junio de 2015

Activos y Pasivos




Al revisar mis relatos sexistas escritos en este blog la mayoría de estos apunta a las relaciones de pareja. En la mayoría de estas historias vemos a un hombre ejerciendo el rol activo de la relación mientras que la mujer el pasivo, encontrándose supeditada a éste en posiciones de subordinación. 

Históricamente el hombre es el que ha adoptado el papel del ejercicio y control de la relación, dando mayor importancia a lo masculino sobre lo femenino. El énfasis por tanto, que se le ha dado a la actitud pasiva de la mujer radica en conductas sexistas, en donde es el hombre quien cumple el rol de “protector” y que indirectamente se puede interpretar como una forma de ejercer dominio sobre la otra persona, lo cual nos lleva a reflexionar que esta es una de las principales causas del maltrato en una relación al no existir igualdad de condiciones entre ambos. Los celos excesivos, el control de los horarios, en la forma de vestir, y en las relaciones interpersonales o sobre las actividades de la otra persona son un ejemplo de este tipo de violencia, que se esconde bajo la excusa del “amor” y “cariño” como un gesto de protección hacia la pareja.

Bajo esta estructura patriarcal no causa extrañeza ver al hombre tomar la iniciativa en una relación de pareja “dando el primer paso” y a la mujer adoptar una actitud sumisa esperando “aquella señal” que le dará la seguridad para actuar con toda “libertad” y pretendiendo que sea el hombre quien tome la iniciativa, lo cual da cabida al ejercicio de control y protección que terminan ejerciendo los hombres sobre ellas. Sin embargo, como estos roles están tan interiorizados en los jóvenes, en el momento en que una mujer quiere tomar la iniciativa queda sometida a descalificativos que no sólo provienen de los hombres sino que también de ellas mismas.

Desde un inicio interiorizamos estos roles sujetándonos a los moldes preestablecidos por el sistema patriarcal, en donde se entiende que “lo masculino” refiere a evitar aparentar “ser femenino”, a tener fortaleza, éxito en las metas propuestas, confianza, seguridad e  independencia. Se ha asumido que el hombre es “bruto” en su esencia, un “troglodita” como le llamamos algunas, lo cual repercute en que cualquier actitud agresiva que éste pudiera tener se vea naturalizada y corra el riesgo de no ser tratada de la forma indicada. 

Por otro lado bajo las pautas de conducta dictadas por el Patriarcado, si queremos ser “buenas mujeres” estamos condicionadas a actuar bajo los cánones de lo que se considera “femenino”, comportarnos como una chica delicada, con unas uñas bien pintadas, comer moderadamente (porque unos kilos de más es sinónimo de que te quieres poco), hablar con la menor cantidad de improperios posibles y por supuesto ¡Por ningún motivo sentarnos con las piernas abiertas! Tenemos que ser “señoritas”. 

Bajo este escenario tenemos un hombre y una mujer que siguen una conducta interiorizada junto a los roles que han asumido y que termina repercutiendo en conductas sexistas, en una lucha de poder en donde es el hombre el que tiene el control, el poder y la dominación. En consecuencia, esto se traduce en un acto de violencia que constituye una de principales causas del maltrato en las relaciones de pareja, y un ejemplo de ello es la violencia económica. A partir de un caso puntual y bastante banal, el hecho de que un hombre pague la cuenta, ya que según los estereotipos él es quien debe “invitar” a la mujer, paulatinamente cumple la función de control y dirección de la relación, mientras que la mujer toma una actitud pasiva supeditada al rol activo de él. Si esto se intensifica puede conllevar a una situación de maltrato, en donde la persona que ejerce el maltrato se encarga de controlar toda la economía, ejerciendo dominio sobre la otra persona impidiéndole manejar el dinero con libertad e invalidándola llegando al punto de hacerla sentir inútil. 

Estas conductas sexistas, si bien, no son consideradas dentro de los “márgenes de violencia”, al agravarse pueden desencadenar en el maltrato y la violencia, por lo tanto se les debe dar la importancia que merecen. Sin embargo, aunque estos roles preestablecidos trasmiten la noción de que la agresión se manifiesta por parte del hombre, también se da el caso en el que los roles se invierten y se le da a la mujer un excesivo grado de autoridad, restándole al hombre su libertad.
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Sin bien el escenario no es tan trágico y existe el intento por superar estos estereotipos, aún falta por trabajar aquellos aspectos sexistas que sin querer se encuentran, muchas veces de forma inconsciente, en nuestro accionar. Si queremos avanzar hacia una sociedad libre de sexismo y de desigualdad de género, se deben romper estos tópicos y fomentar una educación en igualdad, o bien, generar espacios como este blog "Sexismo a Diario", que a través de las historias del curso permitan dar cuenta actitudes sexistas para lograr transformarlas.

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